top of page

Ximena Caraza Campos, la ventana viva de México en Madrid

  • VA
  • 3 ene
  • 4 Min. de lectura


Madrid tiene una esquina donde México late con fuerza. Allí, entre la arquitectura señorial de Chamberí y el bullicio elegante de la capital, se alza La Casa de México, no como un simple centro cultural, sino como un puente luminoso entre dos mundos. Su alma y voz tienen nombre propio, Ximena Caraza Campos, una mujer que ha hecho de la diplomacia y la cultura una travesía personal, y que, con su visión, ha conseguido que miles de españoles descubran México más allá de los clichés.

Porque México no es solo rancheras, tequila o picante, como España no es solo toros y paella. México es un mosaico vivo, un mole de colores, sabores y emociones, como ella misma define. Ximena, voluntariosa desde niña, ha sabido llevar esa complejidad y belleza hasta el corazón de Madrid con un lenguaje universal, el arte, la gastronomía, la palabra y la música.





Una infancia entre

atardeceres y fogones



Ximena nació rodeada de aromas y afectos, su infancia estuvo marcada por los amaneceres en el campo, guiada por un padre de espíritu profundo y una madre alegre que, además de escribir libros de cocina, sembró en sus cinco hijos la pasión por la gastronomía. “Nos metíamos a los fogones con mi madre”, recuerda Ximena con una sonrisa. De esa experiencia nació años más tarde el sello Copil, una certificación que reconoce la verdadera gastronomía mexicana en España. Hoy, casi un centenar de restaurantes llevan este sello que honra la autenticidad, desde un taco callejero hasta la alta cocina más sofisticada.

Ese amor por los sabores auténticos no solo ha impregnado la Casa de México, que cuenta con su propio aula gastronómica y restaurante, sino que se ha convertido en una metáfora de su proyecto cultural, un espacio donde lo tradicional y lo contemporáneo se abrazan, como ingredientes que se mezclan sin perder su esencia.





De los fenicios al arte



El destino llevó a Ximena a Europa, primero como cónsul en Milán y después a Madrid, ciudad que adoptó como hogar hace casi tres décadas. Su trayectoria profesional estuvo ligada al mundo empresarial y de inversiones, hasta que una oportunidad —y su espíritu rebelde— la empujaron hacia el universo cultural.




Cuando el gobierno mexicano declinó la creación de un centro cultural en España, Ximena no se resignó. “México no puede no tener un centro cultural en España”, se dijo. Así convenció al empresario Valentín Díez Morodo, que financia al 100% este proyecto como un regalo de gratitud hacia la tierra que le dio todo.Y nació la Fundación Casa de México en España, concebida como una ventana de excelencia y diversidad.





Desde entonces, Ximena ha orquestado un programa incesante de cine, exposiciones, talleres, literatura, clases de baile, festivales gastronómicos… Cada año, más de 920 eventos dan vida a un espacio donde cada día es distinto, donde una mañana puedes aprender de un maestro artesano y, por la tarde, escuchar a un cineasta o asistir a un recital.





El arte como lenguaje común



En 2024, un nuevo capítulo se abrió en la historia de Casa de México con la colaboración de Tiempo de Arte, el proyecto liderado por Merche Zubiaga. Desde su primer encuentro, ambas mujeres encontraron una complicidad natural.


“En los negocios falta un poco de arte, y en el arte falta un poco de negocios”, afirma Ximena, convencida de que Merche trabaja para unir esos dos mundos.


El resultado de esta alianza ha sido un diálogo enriquecedor entre México y España, con Santander como epicentro y una cadena de actividades conjuntas que se desplegarán durante todo el año. Este año, México brilla como país invitado, llevando su cultura a nuevas audiencias y consolidando la idea de que el arte es una fuerza transformadora y universal.





Proyectos que cruzan fronteras



La visión de Ximena va más allá de las paredes de Casa de México. Su objetivo para los próximos cinco años es expandir la presencia de la fundación a través de alianzas con universidades, museos y teatros.

Entre los proyectos destacan:


80 becas anuales para posgrados y programas de intercambio entre España y México.





Acuerdos con instituciones como el Museo del Prado, el Reina Sofía, el Teatro Real o el MACBA, para fomentar la colaboración y el intercambio profesional.

La primera muestra española de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, celebrada en Madrid en el marco de la Hispanidad.

Una tienda nómada de arte popular, que permitirá acercar piezas auténticas a precios justos, dignificando el trabajo de los artesanos mexicanos.





Eventos icónicos como la Semana del Cine Mexicano, con más de 4.000 butacas gratuitas para celebrar la riqueza audiovisual del país.





Y, por supuesto, uno de los momentos más esperados: la celebración del Día de Muertos, que transforma Madrid con altares y colores que honran la vida y la memoria.



El alma de México en Madrid





Ximena describe México con tres símbolos:

Un olor, el mole, con su complejidad y riqueza de matices.

Un sonido, la marimba, alegre y vibrante.

Un sabor, el de la autenticidad, esa mezcla de lo ancestral y lo moderno.

En Casa de México, estos símbolos se hacen tangibles. El visitante no solo contempla arte o prueba un platillo, vive una experiencia sensorial que trasciende fronteras. Es un viaje emocional que permite comprender que México es una tierra de contrastes, de resiliencia y belleza.





“Me veo aquí dentro de cinco años, feliz, trabajando y rodeada de gente excelente”.

— dice Ximena.



Un futuro compartido



Su sueño es que la Casa de México siga creciendo, sumando voces y proyectos, y que se convierta en un referente mundial del intercambio cultural.

Su historia y la de esta fundación son un recordatorio de que los puentes culturales no se construyen con ladrillos, sino con voluntades. Gracias a su liderazgo, Madrid ha descubierto un México que es poesía, gastronomía, historia, arte, cine y vanguardia y en ese proceso, se ha tejido un lazo indestructible entre dos naciones hermanas.





Casa de México no es solo un edificio es una promesa de entendimiento, una celebración de la diversidad y una prueba de que la cultura tiene el poder de transformar el mundo.









bottom of page