Touchback
- Redactor
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¿Qué harías si pudieras cambiar tu pasado?

Con la precisión de una jugada decisiva y la profundidad de una conversación íntima, Touchback (2011/2012) se yergue como una obra que trasciende lo meramente deportivo para explorar, con honestidad y alma, los auténticos pilares que sostienen nuestras vidas: familia, amistad, comunidad y la ineludible belleza de aceptar nuestro presente. Aunque pueda parecer un relato más entre tantas historias de “segunda oportunidad”, este filme escrito y dirigido por Don Handfield despliega una sensibilidad poética que toca fibras universales.

Desde la primera escena, experimentamos la nostalgia de Scott Murphy (interpretado con sobria humanidad por Brian Presley), un quarterback legendario de la secundaria de Ohio que, tras una lesión devastadora, renuncia a sus sueños de grandeza en el fútbol americano y se convierte en agricultor y padre de familia en su pueblo natal, Coldwater. La vida adulta lo ha llevado a soportar no solo la carga física de su pasado —una pierna marcada por la lesión—, sino también la emocional, la frustración de sueños no cumplidos, la presión de mantener una granja al borde de la ruina y la sensación de que la vida pasó de largo sin concederle lo que más anhelaba, una carrera profesional de éxito.

La narración da un giro poderoso cuando, al borde del abismo —literal y metafóricamente—, Scott recibe la posibilidad de revivir un momento crucial de su juventud. Esta oportunidad, que podría parecer un simple “¿y si…?”, se convierte en el motor de una reflexión profunda sobre el valor de nuestras decisiones, las huellas que dejan y aquello que realmente importa. El guion no se limita a recrear el glamour de un deporte; usa el fútbol americano como metáfora de la vida, cada elección tiene consecuencias, cada jugada cuenta y solo tú puedes decidir tu futuro.

Lo más emotivo de Touchback es cómo nos invita a releer nuestras propias historias. Cuando Scott tiene la ocasión de reescribir su pasado para alcanzar una beca universitaria y la gloria deportiva, se enfrenta a una encrucijada que va más allá del ego y la ambición:
¿Vale la pena sacrificar el amor de su esposa Macy (una actuación cálida y sincera de Melanie Lynskey) y la comunidad que lo quiere por la promesa incierta de fama?
El arte aquí no está en celebrar la victoria en el campo, sino en comprender que las derrotas y los tropiezos a menudo tejen las conexiones más auténticas de nuestra existencia.

Kurt Russell, en el papel de Coach Hand, aporta una presencia gravitacional. No es solo el mentor del equipo; es el guardián de una filosofía de vida, el deporte enseña disciplina, esfuerzo y trabajo en equipo, pero esos mismos valores tienen un eco más profundo en la cotidianeidad de nuestras relaciones humanas. Nos recuerda que ser “bueno en algo” no se reduce a ganar un juego, sino a ser un pilar para los demás, un constructor de lazos que trascienden el marcador final.

Técnicamente, la película no se propone ser un espectáculo sensacionalista. Su enfoque visual y narrativo es sobrio, casi contemplativo, planos amplios que capturan la vastedad de los campos de cultivo y del corazón humano, actuaciones que evitan el histrionismo para abrazar la autenticidad. Aunque algunos críticos han señalado tropiezos —incluso cierta previsibilidad narrativa—, muchos espectadores encuentran en esta honestidad una rara virtud en el cine contemporáneo, la certeza de que no se necesita artificio para impresionar, sino verdad y realidad.

Lo que queda tras ver Touchback no es simplemente la historia de un jugador de fútbol americano, sino una meditación sobre el amor, la familia y la comunidad; una llamada urgente a reconocer el valor de lo que ya tenemos antes de perderlo o desearlo sin medida. Es un filme que sabe que no todas las segundas oportunidades llegan con estruendo, sino con la silenciosa claridad del corazón.

Hoy, disponible en plataformas como Amazon, Movistar y Rakuten de forma gratuita, Touchback ofrece más que entretenimiento — ofrece un espejo en el que cada uno puede preguntarse: ¿Qué haría si pudiera volver atrás? ¿Qué elección construiría el presente que realmente deseo? En esa pregunta reside su mayor enseñanza, y en esa enseñanza, su belleza.