Merche Zubiaga es Tiempo de Arte
- Redactor
- 27 oct 2025
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IV Congreso en Santander, donde las ideas se vuelven luz

Hay personas que, desde la infancia, parecen tener un pacto secreto con la vida, la certeza de que, aunque el agua esté fría o la piscina parezca demasiado profunda, hay que saltar. Merche Zubiaga es una de ellas, su historia comienza con una anécdota que hoy es metáfora de toda su trayectoria. Con apenas cuatro años, convencida de que sabía nadar, levantó la mano en unos cursillos de verano en Madrid, se tiró al agua con valentía, aunque no dominara aún la técnica, llegó hasta la mitad de la piscina antes de quedarse sin aire, el monitor tuvo que rescatarla, mientras su madre observaba angustiada desde la distancia, diciendo no sabe nadar.

De niña era inquieta, imaginativa, una pequeña “salvaje” —como ella misma se define— que jugaba con la vida sin miedo a ensuciarse o caerse. Su fascinación por el arte comenzó pronto, gracias a una profesora de historia del arte en COU que despertó en ella una mirada diferente sobre la belleza y la creación humana. Esa pasión la llevó a estudiar Turismo, como una primera puerta hacia el mundo, pero pronto sintió que su vocación iba más allá de la industria turística, su curiosidad y su espíritu creador la guiaron hacia la comunicación, la publicidad y el marketing, herramientas que le permitieron aprender a contar historias y a conectar con personas y proyectos de manera estratégica y emocional.
“Siempre he buscado proyectos que pongan el foco en el ser humano, todo lo que he hecho ha tenido que ver con crear relaciones significativas entre las personas. No se trata solo de negocios o de arte, sino de generar experiencias que nos recuerden quiénes somos y hacia dónde podemos ir juntos”.
Merche no sólo ha nadado contra corriente, ha aprendido a invitar a otros a sumergirse con ella en aguas profundas, donde el arte, la cultura y la empresa se encuentran para transformar territorios, vidas y organizaciones.

Su relación con América Latina se remonta a hace más de 25 años, cuando conoció la figura del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y comprendió el poder del arte como lenguaje universal, desde entonces, ha tejido una tela de araña entre países, culturas y comunidades.
Antes de Tiempo de Arte, Merche fundó Vinhoy, un proyecto que utilizaba el vino como canal de comunicación y unión entre personas. El vino, con su carga cultural y simbólica, se convirtió en ese pretexto perfecto para unir mundos aparentemente distintos.
La pandemia de 2020 fue otro momento decisivo, mientras el mundo se detenía, Merche revisó su historia personal y profesional, conectando todas las piezas de su experiencia. De esa reflexión nació la semilla de un sueño:
Crear un espacio donde el arte, la cultura y las humanidades se encontraran con el ecosistema empresarial.
Así nació Tiempo de Arte, una plataforma pionera destinada a visibilizar proyectos transformadores y a demostrar que la creatividad puede ser también motor económico y social.
Para Merche, el arte no es solo belleza; es SALUD. “Cualquier disciplina artística nos abraza, nos construye y evita que emociones negativas se queden enquistadas y nos enfermen”, afirma con convicción. La música, la pintura, la danza, la literatura… todas son formas de acompañamiento emocional y espiritual.
En el Tercer Congreso de Tiempo de Arte, la presencia de Miguel Ríos fue un ejemplo vivo de esa visión. Su fundación lleva la música a residencias de mayores y enfermos de Alzheimer, recordándonos algo profundamente humano: la música es lo último que olvidamos.
“Somos arte”, dice Merche. “Nacemos con música y nos vamos con música. Las artes no son un adorno, son la esencia de lo que somos”.
El primer Congreso de Tiempo de Arte se celebró en Santander, una ciudad que se ha convertido en su puerto seguro y su laboratorio creativo. En aquella primera edición, reunió a gestores culturales, museos, coleccionistas y profesionales de la salud para reflexionar sobre cómo las artes podían dar un paso al frente en la sociedad actual.
No fue un camino sencillo, integrar el mundo empresarial con la cultura, exige paciencia, pedagogía y pasión. Sin embargo, en 2023 se produjo un punto de inflexión, un viaje a Ciudad de México, donde Merche participó en una jornada en el Antiguo Senado, allí comprendió que la clave estaba en crear alianzas estratégicas entre artistas y empresarios, dos mundos que comparten más similitudes de las que imaginamos, ambos crean, arriesgan y sueñan. Gracias a esta visión, México se convirtió en país invitado para el IV Congreso, fortaleciendo el vínculo entre Iberoamérica y España. “Somos primos”, sonríe Merche. “Nos unen muchas más cosas de las que nos separan”.
En este viaje no ha estado sola, colectivos como Boa Mistura, con su arte urbano y su filosofía de cooperación, representan el alma de Tiempo de Arte. “Ellos nos enseñan a controlar el ego y a trabajar desde la generosidad”.
Empresas visionarias como Abadía Retuerta también forma parte del proyecto, demostrando que la innovación cultural puede integrarse en el ADN corporativo. El resultado es una red en continuo crecimiento donde artistas, instituciones públicas y compañías trabajan juntas para transformar territorios y comunidades. El proyecto estrella de 2025 es la intervención de Boa Mistura en Santander, integrando puerto y ciudad mediante el arte y la participación social. Esta iniciativa contará con un documental de investigación producido por la UNIR, que mostrará cómo las artes tienen el poder de transformar realidades y sanar comunidades.
“El mundo no atraviesa un momento amable, por eso es urgente integrar el BIEN SER en las empresas, como en su día se integraron el deporte y el bienestar físico, el arte tiene un papel esencial en esta transformación”.

Dos días, cuarenta voces y un océano de creatividad, Merche Zúbiaga convoca al mundo para demostrar que el arte, la innovación y la empresa pueden ser brújula y latido de un nuevo siglo. En Santander, el mar parecía escuchar, entre el murmullo de las olas y el rumor de las ideas, Tiempo de Arte abrió sus puertas una vez más, en su cuarta edición, como quien abre un libro inédito que todos ansiaban leer.

El 7 y 8 de mayo de 2025, la ciudad se convirtió en un faro de cultura, innovación y empresa; un puerto donde atracaron voces procedentes de México, de España y de territorios invisibles, unidos por un hilo común, la convicción de que el arte es semilla y motor de cambio.

En el centro de todo, Merche Zubiaga —fundadora, directora y alquimista de ideas— sostuvo con palabras claras y mirada serena que Tiempo de Arte es una plataforma viva para pensar, sentir y transformar. En su voz resonaba la gratitud hacia instituciones, empresas y personas que creen en la cultura no como adorno, sino como cimiento.
Los salones se llenaron de diálogos que cruzaban océanos: Valerio Rocco, director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, y el escritor mexicano Jorge F. Hernández, trazaron puentes invisibles entre México y España, recordando que el arte es, ante todo, un acto de libertad. Entre mesa y mesa, se habló de pedagogía para líderes, de empresas que laten al ritmo de la creatividad, de arquitecturas que respiran y de alianzas que germinan en silencio.

En la segunda jornada, el arte digital y la inteligencia artificial tendieron sus propias redes de significado. Daniel Canogar reveló universos que laten en píxeles, mientras expertos en IA recordaban que la tecnología no reemplaza al creador, sino que camina a su lado y en un gesto que unió la empresa con la emoción, Enrique Valero, CEO de Abadia Retuerta recordó que las marcas, como las obras, perduran cuando tienen alma.
El cierre fue un latido profundo, Charo Izquierdo y Jesús Ruiz Mantilla devolvieron el arte a su esencia de pregunta, de conciencia, de resistencia contra el olvido.

Cuando el telón simbólico cayó, quedó en el aire la certeza de que el arte no es un lujo, sino un derecho vital y la frase de Zubiaga, casi un manifiesto, se quedó flotando sobre el Cantábrico:
“Es tiempo de integrar el bien-ser como ya integramos la sostenibilidad. Es tiempo de arte y queremos contar contigo.”

En Santander, esos días, no solo se habló de arte, se respiró arte, se caminó arte, se soñó con arte.
Merche, la mujer que nada hacia el cambio.
Hoy, Merche sigue nadando tres veces por semana. En el agua encuentra un lugar para desconectar y respirar, un espejo líquido donde su mente se libera y su cuerpo se fortalece. Allí, guiada por su monitor, deja de ser la líder que toma decisiones y se convierte en aprendiz, en niña otra vez, flotando y confiando. Quizás ese sea el secreto de su fuerza, recordar, cada vez que se lanza a la piscina, aquella primera zambullida que la marcó para siempre. En la vida, como en el agua, se trata de atreverse a saltar, incluso cuando no sabemos si podremos llegar al otro lado, porque, al final, como demuestra Merche Zubiaga, el arte y la empresa son dos brazos de un mismo nado, dos corrientes que, si se unen, pueden transformar no solo un territorio, sino el mundo entero.
Mirando hacia adelante, Merche sueña con que Tiempo de Arte esté presente en cinco países más en los próximos años, consolidando la relación con Iberoamérica y extendiéndose hacia Europa, pero su sueño no se mide solo en cifras o eventos, sino en emociones compartidas.