Quimbaya by Edwin Rodriguez
- Redactor
- 3 sept 2025
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 18 sept 2025
Su historia enseña que los sueños se construyen con insistencia, que la identidad es riqueza y que el verdadero éxito es emocionar al otro.

Un viaje gastronómico que une tradición y vanguardia colombiana en el corazón de Madrid.
Hay infancias que se viven como un festín, donde cada recuerdo sabe a sopa recién servida y a arepas amasadas con manos pequeñas. Así creció Edwin Rodríguez, en una casa bogotana de cuatro hermanos, con una madre que cada día se enfrentaba al reto de presentar un menú distinto, sopa al mediodía, arroz infaltable, jugo recién exprimido, una cena con verduras, arepas amasadas en un bol rojo y, de vez en cuando, postres de mango cocido con panela y canela.
La cocina no era entonces un destino, sino un lugar donde ayudar, lavar papas, organizar mangos, acompañar a su madre con tareas caseras. Esos gestos sencillos —amasar, cortar, barrer, cocinar— se convirtieron en semillas invisibles de lo que años después sería su vida. Tanto, que guarda aún con cariño una servilleta bordada en punto de cruz con la figura de un cocinero, tejida en sus días de colegio de monjas. Una premonición inocente de lo que vendría.
Siempre me recuerdo amasando arepas junto a mi madre. No era un juego, era un aprendizaje invisible que me acompañó toda la vida.

Al final de su etapa escolar, su vida se quiebra cuando sus padres se separaron y su madre, pilar de su vida, tuvo que asumir el peso de la familia. Un día llegó y le dijo no podrás ir a la universidad, pero el lunes a las 07:00, empiezas en el SENA, la escuela técnica de hostelería. A sus 17 años, Edwin se encontró vestido con chaquetilla y gorro, en el un hotel escuela, de lujo, enfrentándose a recetas francesas, salsas madre y a un mundo que se convirtió en una revelación. Allí descubrió que cocinar no era solo alimentar, era un lenguaje, que compartía cada tarde junto a su madre, en la cocina de casa. Les gustaba tanto, que decidieron crear su propio cuaderno de recetas. Cada día al regresar a casa, dictaba las recetas a su madre, que las escribía con su caligrafía impecable, y juntos comenzaron a construir un cuaderno de memorias culinarias que aún conserva como un tesoro.

En Bogotá, rápidamente su inquietud y creatividad, le llevó a dar sus primeros pasos, comenzando a crear eventos familiares donde, con la ayuda de todos, servía banquetes incluso para más de 100 personas. Después, vinieron los hoteles cinco estrellas, donde conoció la exigencia profesional, la cocina francesa, las demi-glaces obsesivamente cuidadas y la creatividad de los chefs que convertían unas gachas en una espuma ligera, pero Edwin quería más, durante años soñó con ir a Francia, cuna de su aprendizaje, hasta que la revolución gastronómica española de Ferran Adrià le cambió el rumbo. Así, llegó a Madrid hace 18 años, con apenas ilusiones, una maleta, un visado y la certeza de que debía aprender. En Loft 39 descubrió la intensidad de los servicios multitudinarios; en el Hilton, la apertura de grandes hoteles; y en El Bohío, bajo el ala de Pepe Rodríguez, la pasión por el producto y la sutileza de la cocina manchega refinada. Allí comprendió que la gastronomía era, sobre todo, una fábrica de emociones y descubrió cómo era la gestión global del lujo gastronómico.
Londres llegó después, como un paréntesis de aprendizaje y madurez. Allí perfeccionó técnicas, amplió horizontes y, sobre todo, consolidó su idea de que la cocina debía tener identidad propia. En ese tránsito entendió que su voz solo podía nacer de sus raíces: “Colombia”.

Tras representar a Colombia en diversos eventos internacionales, a través de su embajada y de Procolombia, siempre surgía la misma pregunta,
¿Dónde tienes tu restaurante?
En 2015, tiene una rotura de menisco y debe parar, lo que le permite viajar a Londres para aprender ingles y tener un cambio de aires. Allí le proponen trabajar para el Caprice Holding group, un grupo, que entre otros organizaban eventos de mucha relevancia y donde le dan rienda suelta a su creatividad.
Edwin y Mariluz Cabeza, (psicóloga, esposa, socia y asesora personal de Edwin), juntos deciden comenzar un viaje de introspección, de regreso a su esencia misma.
Tras varias sesiones de búsqueda, comienza una reconciliación con su identidad que no fue fácil, ya que durante años había evitado decir que era colombiano, temeroso de prejuicios y estereotipos. El resultado final le devolvió el orgullo, “Soy Colombiano”, se dijo, y esa afirmación se convirtió en el punto de partida.

En Madrid, 2019, comienza la creación de Quimbaya, no fue un camino sencillo, convertir unas cuantas paredes, de lo que era una inmobiliaria, en la calle Zurbano, 63, en un local gastronómico de culto a Colombia. Abrieron con toda la ilusión a primeros de febrero, que emoción, que ganas de agradar. Comenzaba una nueva andadura, pero reciben un golpe inmediato, el 14 de marzo, se cerró todo debido a un nuevo virus, (COVID), que nos encerró en nuestras casas, algo inédito hasta la fecha. Al abrir de nuevo, meses después, con apenas 500 euros, mucha creatividad y mucha berraquera —esa palabra tan colombiana que significa coraje y resiliencia—, Edwin resistió. Cocinaba con lo justo, comprando solo lo necesario para cada servicio, convencido de que cada comensal debía salir enamorado y volver.
La perseverancia dio sus frutos y en 2021, contra todo pronóstico y remontando poco a poco. Un día entra un mail en la central de reservas de Quimbaya, era de la guía Michelin, les habían concedido una mención en la guía. Fue una alegría que celebraron con prudencia con todo el equipo, ya que era bueno pero no sabían que repercusión tendría. Pasados unas semanas y sin saber cómo funcionaba, reciben una invitación a la gala, una experiencia increíble, que no se podían perder, pasear por la alfombra roja, relacionarse con todos esos chef estrellas Michelin que había visto en libros y televisión.
Llegando al final de la gala, de repente conceden una nueva estrella Michelin en Madrid, con una pronunciación que inicialmente Edwin no identificó, el presentador dijo Quimbaya, Edwin Rodríguez, en la pantalla una imagen suya, no daba crédito, era el, era Quimbaya. Mari Luz le dijo, eres tú, tienes que salir, te acababan de conceder una estrella Michelin. Su primera estrella, reconocimiento a un concepto inédito, una cocina colombiana reinterpretada, refinada, pero fiel a su esencia. Cada plato, una historia, un paisaje, un relato de identidad. Al día siguiente, la central de reservas echaba humo, después de una noche mágica, el sueño había cobrado vida. Esto no paró ahí, meses después, le conceden su primer Sol Repsol.

Comenzó una motivación imparable que le llevó a viajar por Colombia para inspirarse y poder crear auténticas historias colombianas, también buscar artesanos y productores, a los que pudiera apoyar, trayendo a Madrid todos esos auténticos productos de su patria.
Su última menú degustación se titula, “Sinfonía”.
Si el menú Memorias fue una evocación de sabores de infancia, el nuevo menú Sinfonía va un paso más allá, no se pregunta solo a qué sabe Colombia, sino también a qué suena. Cada plato es un movimiento musical, el rumor del Amazonas en un caldo turbio que no busca la perfección cristalina, sino la fuerza de lo real; las notas dulces y saladas de un ajiaco que recuerdan la cadencia de una tarde bogotana; las texturas de la yuca, convertidas en sinfonía de matices; el polvo de hormiga que dibuja caminos como partituras sobre el plato. La vajilla artesanal de Carmen de Viboral y la cestería indígena completan la experiencia, porque para Edwin la cocina no se sirve solo en sabores, sino también en cultura, artesanía y memoria.

Quimbaya ofrece una experiencia culinaria única a través de su ultimo menú degustación “Sinfonia”, que lleva a los comensales por viaje a las distintas regiones de Colombia: Caribe, Pacífico, Andes, Orinoquía y Amazonas. Cada plato es una interpretación moderna de recetas tradicionales, utilizando ingredientes autóctonos y técnicas contemporáneas para resaltar los sabores y la diversidad cultural del país y en cada servicio, invita al comensal a cerrar los ojos y viajar, a escuchar el rumor de un río, el eco de las montañas, la cadencia de una fiesta popular, o la intimidad de una sobremesa familiar.
La cocina abierta permite a los clientes observar el proceso creativo, mientras que la decoración minimalista con detalles dorados evoca la riqueza cultural del pueblo indígena Quimbaya, del cual el restaurante toma su nombre.

El éxito de Quimbaya radica en la pasión y dedicación de su fundador, quien ha logrado crear una propuesta auténtica para celebrar la identidad colombiana, la combinación de una sólida formación culinaria, experiencia internacional y un profundo respeto por las raíces culturales ha permitido a Edwin ofrecer una experiencia gastronómica que trasciende fronteras y conecta emocionalmente con los comensales.

Quimbaya representa un hito en la gastronomía colombiana, demostrando que la tradición y la innovación pueden coexistir armoniosamente. A través de su propuesta culinaria, Edwin Rodríguez ha logrado posicionar a Colombia en el mapa gastronómico europeo, ofreciendo una experiencia que es tanto un homenaje a sus raíces como una visión audaz del futuro de la cocina latinoamericana.

Una partitura de sabores, ritmos e historias.
En este menú de diez tiempos, Colombia se interpreta con alma, técnica y emoción. La tradición, el exotismo y la vanguardia se entrelazan como instrumentos en una orquesta, creando una experiencia sensorial que trasciende el plato. Cada pase es un compás, cada sabor una nota, cada textura una emoción.
Un viaje sinfónico por los sabores de Colombia.
🎶 MECATOS
Pequeños bocados que abren la partitura con fuerza y alegría, como un preludio rítmico al corazón del menú.
Tacacho de pescado y tucupí, Bocado arriero, Maíz y chorizo, Arrechón

🎶 AMASIJOS
Panadería ancestral reinterpretada. Texturas que evocan horno de leña, plaza de pueblo y alma indígena.
Carantanta con ají de maní; Arepa de chichiguare y hogao; Pandebono y panela

🎶 TRADICIÓN
El legado de nuestras cocinas en una sola cucharada.
Tamal y su caldo

🎶 CREACIÓN
Un momento de contemplación, donde lo inesperado se transforma en armonía.
Hummus de lenteja y percebe

🎶 EMOCIÓN
Mar, trópico y memoria sensorial. El sabor como ola cálida.
Cangrejo, coco y patacón

🎶 DEL MAR
Profundidades del Pacífico y Caribe interpretadas con alma de cocinero.
Guandules y pescado en cabrito

🎶 DE LA TIERRA
Sabores campesinos elevados a sinfonía.
Cuchuco de trigo y presa

🎶 EXÓTICO
Frutas, fermentos y sensaciones silvestres que invitan a cerrar los ojos y viajar.
Mora de Castilla y kumis de Patía

🎶 POSTRE
Colombia dulce. Un trío final de frutas, raíz y selva.
Coco, chontaduro y borojó

🎶 DULCERÍA
Pequeños bocados de despedida que sellan el concierto del paladar.
Selección de dulces artesanales

✨ Un Menú que se escucha, se siente y se saborea
Cada pase del Menú Sinfonía ha sido concebido como una interpretación contemporánea del patrimonio colombiano.
En Quimbaya, la cocina no solo se sirve, se narra; no solo se degusta, se celebra.
La música de los fogones se convierte en poesía comestible y el comensal, en testigo privilegiado de esta sinfonía de emociones.

Edwin Rodríguez, el valor de un hombre sencillo
Hablar de Edwin Rodríguez es hablar de disciplina, humildad y familia. Un hombre que, al recibir su estrella Michelin, pensó en su madre ausente, desde aquella cocina que compartió en su infancia y las recetas que escribieron juntos y en los sacrificios que lo habían traído hasta aquí. Un chef que entiende que el éxito no se mide en aplausos, sino en la capacidad de emocionar a sus comensales, a través de un plato. Su historia es un recordatorio de que los sueños se construyen con perseverancia, que la identidad no es un lastre sino una riqueza, y que la cocina, en su esencia más pura, es un acto de amor y de memoria.

En Quimbaya, cada comensal descubre no solo los sabores de Colombia, sino también la vida de un hombre que convirtió sus recuerdos en arte y sus raíces en una sinfonía, porque Edwin Rodríguez no cocina para impresionar, sino para conectar en cada bocado.
Gracias Edwin por abrirnos tu puerta a un nuevo mundo.