Descubrimos Guayaquil en Madrid Fusión
- Redactor
- hace 15 horas
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Cuando un puerto se convierte en lenguaje gastronómico

Guayaquil es un puerto, de partida, de ingredientes, de historias, de memorias comestibles que han viajado más lejos que muchos de sus barcos. Cacao, banano, camarón, atún, mango, café… productos que no solo salieron al mundo, sino que ayudaron a transformarlo y ahora, en Madrid Fusión, Guayaquil decide contarse —con rigor, con emoción y con sabor— a través de su gastronomía.
Guayaquil es una ciudad viva, en constante reescritura, que cambia según quien la mira, quien la camina y, sobre todo, quien la prueba. Aquí la cocina no es una postal folclórica, es identidad casero en movimiento. Y esa es, quizá, su mayor sofisticación.

Gastronomía viva,
desayunos que son manifiesto
Si hay un lugar donde empieza el ADN culinario guayaquileño es en el desayuno, no como un gesto cotidiano, sino como una declaración cultural. Desayunar en Guayaquil es asumir que el día comienza con fuerza y carácter.
El bolón de verde, contundente, rotundo, emocional —plátano verde, queso y chicharrón— es casi un símbolo nacional. El encebollado, caldo especiado de albacora, patrimonio cultural inmaterial del Ecuador, es cura, abrazo y ritual colectivo. El tigrillo, el sánduche de cerdo, el seco de chivo… platos que hablan del puerto, del manglar, del mestizaje, de una cocina que no pide permiso ni disculpas.
En Madrid Fusión, estos sabores llegan de la mano de Santiago Nieto, chef ejecutivo del Hotel del Parque Relais & Châteaux, primera Llave Michelin de Guayaquil, y nombre ligado a proyectos reconocidos por Latin America’s 50 Best Restaurants. Su cocina no interpreta la tradición, la respeta, la ordena y la proyecta.

El cacao como arte,
el chocolate como discurso
Si Guayaquil fue capital económica del Ecuador durante el auge cacaotero, hoy el cacao sigue siendo su gran relato transversal, no como nostalgia, sino como futuro.
En el stand 0A02 del pabellón 14 de IFEMA, mientras se elaboran platos salados, Nathalie Areco, Chef chocolatier y una de las voces más sólidas del chocolate ecuatoriano contemporáneo, transforma el cacao en experiencia estética. Bombones, trufas, pulpa de cacao, maridajes con vinos de Bodega Dos Hemisferios… y, como gesto artístico, un cuadro pintado con chocolate durante las tres jornadas. Alta cocina, sí, pero también alta cultura del producto.

Areco representa algo esencial en la gastronomía actual, la conexión honesta entre origen, técnica y relato. El cacao no como ingrediente, sino como lenguaje.

Un stand que narra
ciudad, historia y futuro
Nada aquí es casual, el propio stand, inspirado en la Casa Rosada y desarrollado por la ilustradora guayaquileña Ariel Triana, recrea la arquitectura patrimonial de la ciudad, pilares, balcones, celosías y colorido costeño, memoria viva del esplendor cacaotero.
La tecnología también tiene voz, una parte de la fachada “despierta” mediante realidad aumentada y muestra el proceso de cultivo del cacao gracias a una animación de Imán Transmedia. Tradición y vanguardia dialogan sin estridencias. Guayaquil no se exhibe, se comparte.

Ecosistema gastronómico,
del café al último gesto
El relato se completa con productos de Épico, asociación de emprendedores artesanos que aportan mermeladas, mieles, frutos secos y otros ingredientes del territorio, y con el café de Emka Coffee, protagonista de catas dirigidas por el barista Jairo Sanguña, porque una gastronomía madura no se sostiene solo en grandes nombres, sino en tejido, comunidad y coherencia.

El próximo capítulo lo
escribe el comensal
Guayaquil llega a Madrid no solo para mostrarse, sino para escuchar. Un muro participativo invita a los visitantes a escribir qué les ha sabido esta ciudad. Sensaciones, recuerdos, intuiciones, ese feedback viajará de vuelta a Ecuador, como un mensaje embotellado, destinado al alcalde Aquiles Álvarez. La interlocución institucional corre a cargo de Tahiz Panus, directora de Turismo, Eventos Especiales y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, es una idea poderosa, para aceptar que la identidad gastronómica no se impone, se construye en diálogo.

Guayaquil no se define,
se prueba
En un mundo saturado de discursos gastronómicos, Guayaquil elige una estrategia elegante y profundamente contemporánea, dejar que el sabor hable, sin artificios, sin caricaturas, con orgullo, con memoria y con una mirada clara hacia el futuro.
Guayaquil no es solo un destino, es una experiencia sensorial que empieza en el plato y termina en el recuerdo y quien la prueba —como dicta el espíritu de Madrid Fusión— será quien decida, finalmente, a qué sabe esta ciudad puerto.











