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El verdadero lujo es saber que está protegido tus piezas de valor

hace 20 horas
6 min de lectura

Cómo asegurar joyas, relojes

y obras de arte



Una colección evoluciona, las piezas adquieren nuevos valores y los recuerdos se vuelven irreemplazables, sin embargo, muchas personas siguen confiando su patrimonio a pólizas que quizás ya no responden a su realidad. Centro de Valores invita a mirar la seguridad desde una perspectiva integral: valoración, seguro y conservación.


Hay objetos que compramos y objetos que nos acompañan durante toda una vida. Un reloj que marca un momento importante, una joya heredada de nuestros padres, una obra de arte que nos emocionó la primera vez que la contemplamos. Con el tiempo, algunas de estas piezas se convierten en algo más que posesiones: forman parte de nuestra historia.


¿Sabemos realmente cuánto valen hoy? ¿Están aseguradas por su valor actual? ¿Conocemos las condiciones exactas de nuestra póliza? ¿Y estamos seguros de que el lugar donde las conservamos ofrece la protección que necesitan?


Son preguntas que conviene hacerse antes de que un imprevisto nos obligue a responderlas. Según un estudio elaborado por Centro de Valores, el 54,3 % de las personas que tienen asegurados objetos de valor no ha revisado en los últimos años si la cantidad cubierta sigue correspondiéndose con su valor actual. Además, el 34 % reconoce que no sabe exactamente qué objetos están incluidos en su póliza.



Los datos ponen de manifiesto una realidad que a menudo pasa inadvertida: contratar un seguro es importante, pero mantenerlo actualizado resulta igualmente esencial.


El valor de una pieza puede cambiar. Su protección también debería hacerlo


Una colección nunca es completamente estática. Aparecen nuevas adquisiciones, las piezas cambian de manos y determinados objetos pueden experimentar una revalorización significativa. En otros casos, el valor sentimental de una joya heredada hace que su pérdida resulte imposible de compensar emocionalmente, incluso cuando existe una indemnización económica.

En el universo de la alta relojería, la joyería y el arte, conocer el valor de cada pieza es el primer paso para protegerla adecuadamente.



Un reloj adquirido hace años puede tener hoy una cotización distinta. Una obra de arte puede haber cambiado de valor a medida que evoluciona la trayectoria de su autor. Una colección de joyas puede reunir piezas cuyo precio de reposición no se corresponde con el que figura en una factura antigua.

Por eso, conviene revisar periódicamente las valoraciones y comprobar si las cantidades aseguradas siguen siendo adecuadas. Cuando corresponda, contar con un informe de valoración actualizado o con una tasación realizada por un profesional especializado puede ayudar a documentar el patrimonio y facilitar la revisión de las coberturas.

No todas las pólizas funcionan igual, ni todos los bienes requieren las mismas condiciones. La valoración, los límites de indemnización, las franquicias, las exclusiones y los requisitos de seguridad deben analizarse de forma conjunta.


La pregunta no es solamente cuánto vale nuestra colección, sino cuánto recuperaríamos realmente si sufriera un robo o un daño cubierto por la póliza.


Cinco preguntas que conviene hacerle a nuestro seguro:


Antes de renovar una póliza, merece la pena dedicar tiempo a revisar sus condiciones. No se trata de contratar más coberturas por sistema, sino de comprobar que las existentes responden a las necesidades reales de cada colección.


¿Están identificadas todas las piezas?


Conviene disponer de un inventario actualizado con fotografías, descripciones, marcas, números de serie cuando existan, facturas y certificados de autenticidad. En las obras de arte, también resulta útil conservar la documentación de procedencia y los informes de conservación disponibles.


¿La valoración sigue siendo adecuada?


El precio de adquisición no siempre coincide con el valor actual ni con el coste de reposición. Es importante preguntar a la aseguradora qué criterio aplica y qué documentación exige para acreditar el valor de cada objeto.


¿Qué situaciones están realmente cubiertas?


Robo, hurto, pérdida accidental, daños durante el transporte o deterioros de distinta naturaleza pueden recibir tratamientos diferentes en una póliza. No debe darse por hecho que todos estos supuestos están incluidos. Hay que comprobar las condiciones particulares, los límites y las exclusiones.


¿Qué medidas de seguridad exige la compañía?


Una caja fuerte o una alarma pueden ser elementos relevantes, pero no garantizan por sí solos la cobertura íntegra de todos los bienes. Algunas pólizas establecen requisitos específicos según el valor asegurado, el tipo de objeto o el lugar donde se conserva.


¿Qué ocurre si trasladamos una pieza o cambia su uso?


No es lo mismo conservar un reloj en casa que llevarlo habitualmente, prestar una obra para una exposición o trasladar una colección a otra ubicación. Conviene comunicar los cambios relevantes y confirmar por escrito cómo afectan a la cobertura.

Una conversación con el mediador o la aseguradora puede revelar lagunas que no habíamos advertido. Y, en materia de patrimonio, anticiparse suele ser mucho más sencillo que intentar resolver una situación cuando el daño ya se ha producido.


La seguridad empieza en casa, pero no siempre termina en ella


Tener una vivienda protegida es fundamental, sin embargo, cuando hablamos de colecciones de especial valor, la seguridad doméstica puede exigir inversiones adicionales y una planificación que no siempre resulta sencilla.



Una caja fuerte adecuada, los sistemas de alarma, la protección frente a incendios y los controles de acceso son elementos que deben valorarse según las características de cada bien. A ello se suma una cuestión menos visible, pero igualmente importante: las condiciones ambientales. Las obras de arte pueden verse afectadas por variaciones de temperatura y humedad, la exposición a la luz o una manipulación inadecuada. En una colección de vino, el control ambiental resulta determinante para su conservación. Las joyas y los relojes, por su parte, necesitan condiciones de almacenamiento y manipulación acordes con sus materiales, mecanismos y características. Proteger una colección exige, por tanto, mirar más allá de la posibilidad de un robo. También implica reducir los riesgos de deterioro y evitar que una conservación inadecuada termine afectando a su valor.


Centro de Valores:

una alternativa para conservar el patrimonio con criterios profesionales


En Madrid, Centro de Valores ofrece una solución de depósito privado de alta seguridad orientada a la protección y conservación profesional de bienes de valor.

La instalación alberga, según la información facilitada por la entidad, la cámara acorazada de mayor capacidad de España, con espacio para más de 10.000 cajas de seguridad de distintos tamaños. Cuenta, además, con áreas especializadas como WineVault, destinada a colecciones de vino, y ArtVault, concebida para obras de arte y piezas singulares.



Su propuesta combina infraestructura de seguridad, controles de acceso, confidencialidad y atención a las condiciones de conservación de determinados bienes. Un planteamiento dirigido a familias con patrimonio, coleccionistas y personas que necesitan una alternativa a la custodia exclusivamente doméstica.

Como explica Brian Lavio, presidente de Centro de Valores:


«Cuando hablamos de proteger joyas, relojes u obras de arte, solemos pensar en cuánto valen, pero no siempre comprobamos si están asegurados por ese importe ni cuánto cuesta mantenerlos correctamente protegidos».

La reflexión apunta a una decisión que merece estudiarse caso por caso:



¿Es más conveniente conservar todas las piezas en casa o reservar una instalación profesional para aquellas que requieren mayores garantías de seguridad o condiciones ambientales específicas?


No existe una respuesta universal. Dependerá del tipo de colección, de su valor, de la frecuencia con la que se utilicen las piezas, de las condiciones de la póliza y del coste del servicio de depósito.



En determinados casos, una instalación especializada puede reducir la necesidad de asumir individualmente ciertas inversiones domésticas. También puede contribuir a mejorar las condiciones de protección exigidas por una aseguradora. Sin embargo, cualquier posible ahorro debe comprobarse con cifras concretas y confirmarse con la compañía: no está garantizado que el depósito profesional reduzca la prima o que sustituya los requisitos establecidos en la póliza.


Una colección bien protegida necesita tres cosas


Cuando se trata de preservar un patrimonio tangible, hay tres decisiones que conviene mantener conectadas.


La primera es conocer. 


Disponer de un inventario fiable, documentar la procedencia de las piezas y contar con valoraciones adecuadas permite saber qué tenemos y qué necesitamos proteger.


La segunda es asegurar. 


Una póliza debe responder a los riesgos relevantes, con cantidades, límites y condiciones que comprendamos. Revisarla periódicamente es una forma de evitar que el paso del tiempo deje desactualizada nuestra protección.


La tercera es conservar. 


Elegir el lugar apropiado, controlar los factores ambientales cuando sea necesario y recurrir a profesionales especializados puede ayudar a prevenir daños que, en ocasiones, resultan irreversibles.

Ninguna de estas medidas sustituye a las otras. Una pieza correctamente valorada puede estar insuficientemente asegurada. Una póliza adecuada no evita por sí misma el deterioro físico y una instalación de alta seguridad no elimina la necesidad de comprobar qué riesgos cubre el seguro.

La protección eficaz nace de la combinación de las tres.



Proteger hoy lo que queremos conservar mañana


Hay una dimensión del patrimonio que no aparece en los balances y es la memoria que acompaña a un reloj, la historia familiar que encierra una joya o la emoción que despierta una obra de arte. Su valor económico puede cambiar, pero el significado que tienen para nosotros pertenece a otra esfera.

Por eso, revisar una póliza, actualizar una tasación o estudiar una alternativa profesional de conservación no debería entenderse como una preocupación reservada a los grandes coleccionistas. Es una manera responsable de cuidar aquello que hemos elegido, recibido o construido a lo largo del tiempo.

Quizás el primer paso sea tan sencillo como abrir nuestra póliza y comprobar qué dice realmente. Después, podremos valorar si necesitamos actualizarla, reforzar la seguridad de nuestra vivienda o explorar soluciones especializadas como las que ofrece Centro de Valores.



Porque el verdadero lujo no consiste únicamente en poseer algo extraordinario, sino que consiste también en saber cómo cuidarlo, protegerlo y transmitirlo a quienes vendrán después y esa tranquilidad, cuando está bien planificada, forma parte del valor de lo que poseemos.





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