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Serie Legítima Defensa en movistar plus

  • Redactor
  • 17 ene
  • 3 Min. de lectura



Legítima Defensa ha aterrizado en Movistar Plus+ como una apuesta ambiciosa que renueva —y expande— el universo narrativo de John Grisham, uno de los narradores más influyentes del drama jurídico contemporáneo. Adaptada de la novela Legítima defensa (The Rainmaker, 1995) y con el propio Grisham como productor ejecutivo, esta serie de diez episodios se estrenó completa el 8 de enero de 2026 en la plataforma, marcando un inicio de año vibrante para el género en España.





Un relato de justicia

que se despliega sin prisas


Lo primero que distingue a Legítima Defensa es su ritmo, lejos de la inmediatez del cine, la televisión permite que sus personajes respiren, evolucionen y revelen matices. Aquí, Rudy Baylor —interpretado por Milo Callaghan— es un joven abogado recién graduado en Derecho que, con ideales intactos pero sin experiencia en los pasillos del poder, se enfrenta a una realidad profesional donde el privilegio y la jerarquía parecen dictar las reglas del juego.





Su primer día en un bufete prestigioso termina con una amarga lección, es despedido sin contemplaciones por Leo Drummond (John Slattery), un abogado veterano que es la encarnación del establishment legal. Rudy se ve así empujado a trabajar con Jocelyn “Gorila” Stone (Lana Parrilla), una abogada de reputación cuestionada pero indiscutible tenacidad, y con Deck Shifflet (P.J. Byrne), un asistente legal con métodos poco ortodoxos pero una lealtad férrea.


Ese equipo, tan disparejo como apasionado, acepta un caso aparentemente modesto, la familia de Dot Black, una mujer sencilla que sospecha que su hijo murió por negligencia médica. Lo que comienza como una demanda puntual se convierte en una conspiración tejida hasta el núcleo del poder médico y legal, desvelando abusos, encubrimientos y conflictos de interés que ponen en jaque la integridad del sistema que debería proteger a los más vulnerables.





Valores humanos y éticos,

corazón de la serie


Más allá del suspense y los tecnicismos del proceso, Legítima Defensa brilla por su exploración de temas profundamente humanos, como la Ética profesional y la moral personal. La serie confronta la eterna tensión entre ejercer la ley como técnica y como escudo para los vulnerables. Rudy encarna ese ideal de justicia que no se rinde ante las cifras ni ante el poder, trabajo en equipo, lo que podría ser un relato individualista se transforma en un coro de voces diversas. La química entre Rudy, Jocelyn y Deck —cada uno con fortalezas y sombras— representa cómo la cooperación auténtica puede desafiar e incluso derrotar al poder concentrado.





David contra Goliat, la narrativa levanta como estandarte la posibilidad de que “el pequeño” pueda ganar al “grande”, que la integridad puede enfrentar y vencer a la codicia corporativa.


La relación entre Rudy y Sarah (Madison Iseman), su prometedora pareja que trabaja en el bufete rival, añade tensión emocional y subraya otro conflicto:


¿Hasta qué punto los compromisos personales pueden o deben influir en las convicciones profesionales?





La estética de Legítima Defensa no busca deslumbrar con artificios, sino sumergir al espectador en la cotidianidad de Memphis, donde la justicia se disputa tanto en salas de tribunal como en cafeterías, oficinas desordenadas y pasillos donde se cruzan miradas de duda, desafío o compasión.


El vestuario, funcional y realista, refleja el choque de mundos, trajes sobrios en bufetes de élite frente a prendas más desestructuradas de quienes trabajan fuera de esa órbita.

La actuación del elenco sostiene con firmeza la narrativa. Callaghan imprime a Rudy una mezcla de idealismo y vulnerabilidad; Parrilla equilibra fuerza con humanidad; Slattery encarna la sofisticación implacable del poder.





Legítima Defensa no es solo otra serie de abogados, es una reflexión sobre los mecanismos de justicia —y de injusticia— que permean nuestras sociedades. Nos invita a mirar de cerca cómo las estructuras favorecen a unos pocos, y cómo la determinación, la ética y la solidaridad pueden ser herramientas para reparar aquello que está quebrado. El resultado es un relato televisivo que, si bien puede no reinventar el género, ofrece un diálogo rico entre personajes, contexto social, estrategias y dilemas morales que resuenan más allá de la ficción. En tiempos donde el acceso a la justicia sigue siendo desigual, esta serie se presenta como un espejo y un desafío:



¿Qué estamos dispuestos a defender cuando todo parece estar en contra?



En conclusión, Legítima Defensa en Movistar Plus+ es una obra que combina el rigor del drama judicial con la profundidad emocional de quienes luchan no solo por ganar un caso, sino por sostener sus principios frente a fuerzas que parecen invencibles. A través de una realización sobria, personajes convincentes y una historia que late con humanidad, la serie nos recuerda que la justicia no es un absoluto, sino una conquista diaria. En esta conquista, el pequeño sí puede desafiar al grande, y la ética, junto al trabajo en equipo, puede convertirse en la herramienta más poderosa de todas.




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