España ante el reto educativo de Europa: una escuela que enseña a vivir, emprender y pensar
EFA Valdemilanos, único centro español entre las escuelas europeas reconocidas por su educación emprendedora, representa una manera de entender la Formación Profesional que lleva décadas adelantándose a su tiempo.

Hay premios que reconocen un resultado y hay premios que obligan a hacerse preguntas.
El reconocimiento europeo recibido por EFA Valdemilanos pertenece a la segunda categoría. Porque detrás de un galardón a la excelencia en educación emprendedora hay algo mucho más profundo que un trofeo, hay una conversación sobre qué significa educar hoy, qué necesitan nuestros jóvenes, cuál es
el papel de las familias, cómo debe ser la relación entre la escuela y la empresa, sobre cómo influye la inteligencia artificial y, sobre todo, si estamos preparando a nuestros estudiantes para aprobar exámenes, o para enfrentarse a una vida que todavía no conocemos.

EFA Valdemilanos ha sido seleccionada entre las diez escuelas europeas reconocidas en los TESA Awards, un reconocimiento vinculado a la educación emprendedora que, según explica Pilar Gutiérrez Franco, profesora del centro y protagonista de esta historia, los TESA Awards reúnen candidaturas procedentes de más de cuarenta países.
España, en esta ocasión, no aparece únicamente como observadora, está dentro, en diferentes categorías. quizás convenga escuchar qué tiene que decir este modelo educativo.
Educar es mucho más que enseñar
Pilar Gutiérrez Franco lleva siete años dedicada a la docencia, en EFA Valdemilanos, después de una trayectoria profesional vinculada también a los recursos humanos. Esa doble mirada —la de quien conoce la empresa y la de quien acompaña a jóvenes en su formación— ha terminado definiendo su manera de entender la educación.
Ella misma lo resume con una frase extraordinariamente sencilla:
“Soy una profesora que prepara para la vida.”
No se trata únicamente de transmitir conocimientos, se trata de favorecer que aparezca el talento del estudiante, ayudarle a conocerse, descubrir aquello que puede aportar y prepararle para afrontar un mundo que cambia a una velocidad desconocida.
Es una diferencia aparentemente pequeña, pero cambia completamente el enfoque.
Porque si el mundo profesional va a transformarse antes de que muchos de los actuales estudiantes hayan terminado su trayectoria laboral, quizá enseñarles exclusivamente lo que hoy sabemos sea insuficiente. Hay que enseñarles también a aprender, a decidir, a adaptarse, a equivocarse, a volver a empezar y, quizás lo más importante, a no tener miedo.

Pilar habla precisamente de eso cuando imagina el siglo XXI: un tiempo de cambios cada vez más vertiginosos en el que los jóvenes tendrán que encontrar su propio camino para alcanzar su éxito personal y profesional.
Una idea que llegó antes que la ley
Lo fascinante de las EFAs es que buena parte de estas ideas no son nuevas, son antiguas, pero fueron visionarias. El proyecto educativo de las Escuelas Familiares Agrarias nació en 1967 con una propuesta que hoy nos resulta mucho más familiar: la alternancia entre el centro educativo y la empresa.

El alumno no aprendía únicamente dentro de las aulas, también lo hacía en contacto con la realidad profesional. Pilar recuerda que, cuando llegó a EFA Valdemilanos, quedó especialmente sorprendida por esa concepción educativa y la define como un proyecto “muy visionario”. La alternancia planteaba ya entonces una combinación entre formación académica y experiencia empresarial que posteriormente encontraríamos en el desarrollo de la Formación Profesional Dual. La idea parece hoy evidente, en aquel momento no lo era y quizás ahí encontremos una de las claves de esta historia: la innovación educativa no siempre consiste en inventar algo completamente nuevo; a veces consiste en comprender antes que los demás hacia dónde va el mundo.
El alumno como protagonista
El modelo ha evolucionado hoy, según explica Pilar, el proyecto educativo se articula alrededor de varios pilares: una Formación Profesional conectada con la empresa, el liderazgo personal y profesional, el emprendimiento y una educación personalizada que busca que cada estudiante descubra su propio camino.
Hay una palabra que se repite constantemente en su discurso: talento.

No como una etiqueta reservada para unos pocos alumnos extraordinarios, sino como una posibilidad que puede encontrarse en cada persona. Por eso, el modelo contempla un tutor personal para cada estudiante. La finalidad no es únicamente resolver problemas académicos, sino acompañar al joven en el descubrimiento de sus capacidades y ayudarle a construir su propio proyecto personal y profesional. Es una forma de educación que no mira solamente las notas, mira a la persona.
Buena persona, buen profesional
Quizás uno de los proyectos que mejor representa esta filosofía sea “Buena persona, buen profesional”, impulsado por la propia Pilar. Su planteamiento parte de una premisa que en ocasiones olvidamos cuando hablamos de empleabilidad: una carrera profesional no se construye únicamente con conocimientos técnicos, también se construye con hábitos, responsabilidad, iniciativa, capacidad de colaboración y valores.

El programa trabaja cuestiones como la proactividad, la definición de objetivos, la gestión de prioridades y la búsqueda de soluciones en las que todas las partes puedan ganar. Puede parecer sencillo, pero tiene una enorme trascendencia, porque el profesional del futuro tendrá que saber mucho, pero también tendrá que saber quién quiere ser mientras hace lo que sabe.
La tecnología podrá automatizar tareas, la IA
podrá ampliar nuestras capacidades, pero
la ética, el criterio, la responsabilidad y la capacidad de relacionarnos con otros seres humanos seguirán siendo profundamente humanas.
El emprendimiento no empieza
con una empresa
Otro de los grandes aprendizajes de esta experiencia europea es que emprender no significa necesariamente montar una compañía, puede significar aprender a mirar, a detectar un problema, a plantear una solución, a tener iniciativa, a transformar aquello que tenemos alrededor.
En EFA Valdemilanos, el emprendimiento forma parte de ese proceso de desarrollo personal. Se busca que los estudiantes desarrollen creatividad, iniciativa y capacidad para convertirse en solucionadores de problemas.

Pilar tiene, además, una idea especialmente interesante sobre el talento emprendedor:
El emprendedor no necesariamente nace; también puede desarrollarse.
Para ella, basta una combinación inicial de curiosidad e interés por las cosas. A partir de ahí, la educación puede ayudar a transformar esa curiosidad en iniciativa, capacidad y confianza. La metáfora que utiliza resulta extraordinariamente gráfica:
los jóvenes son pequeños diamantes en bruto. La cuestión no es decidir cuáles brillan, la cuestión es ayudarles a descubrir cómo pueden hacerlo.
Europa como aula de futuro
El premio ha tenido una consecuencia que quizá sea incluso más importante que el reconocimiento institucional: ha abierto una puerta internacional.

Pilar explica que participar en el festival europeo de emprendimiento le permitió descubrir nuevas oportunidades de colaboración y, sobre todo, comprobar el valor de que los estudiantes compartan experiencias con jóvenes de otros países.
Aquí Europa deja de ser un concepto político o administrativo, y se convierte en un aula.
Un estudiante que viaja, se enfrenta a otro idioma, conoce otras culturas y descubre que otros jóvenes tienen sus mismos miedos y aspiraciones, con ello está aprendiendo algo que difícilmente puede aparecer en un libro.
Antes del viaje puede existir vértigo.m, después llega la confianza, la motivación.
Pilar cuenta cómo algunos estudiantes llegan con nervios por el idioma o por la dificultad de relacionarse en un entorno desconocido y terminan descubriendo que son capaces de hacerlo. Eso también es educación y quizás
una de las formas más poderosas de educación.
La inteligencia artificial entra en el aula
Y entonces aparece el gran cambio de nuestro tiempo, la inteligencia artificial.
Pilar no plantea la IA como una amenaza que deba mantenerse fuera de las aulas, tampoco como una solución mágica. Habla de preparación, de criterio, de gobernarla.
Los docentes necesitan formación y los estudiantes tendrán que aprender a utilizar estas herramientas correctamente, saber formular instrucciones, analizar las respuestas, verificar la información y comprender que no todo lo que proporciona una inteligencia artificial es necesariamente correcto. Esta última cuestión es fundamental. La educación del futuro no puede limitarse a enseñar a utilizar IA.
Tiene que enseñar a pensar después de utilizarla.

Porque el verdadero riesgo no es que una máquina responda.
El verdadero riesgo sería que dejáramos de preguntarnos si la respuesta tiene sentido.
En ese escenario, el pensamiento crítico se convierte en una competencia profesional de primer nivel.
La familia vuelve a ocupar su lugar
Hay otro elemento que atraviesa el modelo EFA y que merece especial atención: la familia. En una sociedad en la que los horarios laborales, la hiperconectividad y la velocidad cotidiana han reducido en ocasiones el espacio disponible para la conversación familiar, recuperar ese vínculo educativo adquiere una importancia especial.
En las EFAS, la colaboración con las familias forma parte del proyecto desde sus orígenes. Se mantienen reuniones periódicas y se contempla la participación familiar como parte del acompañamiento del estudiante. No se trata de sustituir al profesor por los padres, ni a los padres por la escuela. Se trata de entender que educar es una responsabilidad compartida. La escuela aporta conocimiento y metodología, la empresa aporta experiencia y la familia aporta contexto, afecto y valores.

Y el alumno aporta algo esencial:
su propia voluntad de convertirse en quien quiere ser.
Una educación sin fronteras
Pilar también plantea una cuestión que debería formar parte del debate educativo europeo: la necesidad de incrementar el intercambio entre culturas. Vivimos en un mundo global, pero conocer otras culturas no consiste únicamente en viajar, consiste
en aprender a comprender maneras diferentes de hacer las cosas, a escuchar, a trabajar con personas que piensan de otra manera. A descubrir que nuestras certezas no son necesariamente universales. La educación intercultural puede convertirse así en una competencia profesional y humana de enorme valor. Pilar considera que una mayor apertura entre países enriquecería a todos y favorecería una comprensión más profunda entre culturas. Europa puede ser precisamente eso: no solo un mercado común, también un espacio común de aprendizaje.
¿Y si empezáramos por los profesores?
Cuando le planteamos qué cambiaría si pudiera tomar las decisiones educativas, Pilar sorprende con una respuesta que coloca al docente en el centro. Propone valorar no solo los conocimientos técnicos de los profesores, sino también sus competencias, y plantea una mayor flexibilidad en la Formación Profesional para acercarla a modelos más abiertos. La reflexión es interesante porque devuelve la conversación a un principio fundamental:

No puede existir una educación innovadora sin profesores capaces de innovar.
La tecnología puede transformar las herramientas, las leyes pueden modificar los sistemas, los edificios pueden cambiar, pero finalmente la experiencia educativa sigue pasando por una persona que enseña y otra que aprende. Por eso la formación del docente será probablemente una de las grandes inversiones educativas del futuro.
El premio termina donde empieza todo
Pilar podría haberse quedado celebrando el premio, pero no parece estar solo en sus planes. Cuando habla del futuro, ya está pensando en el siguiente reto: cómo conseguir que sus propios estudiantes puedan participar en experiencias internacionales y llegar algún día a esos escenarios europeos de emprendimiento.
Hay algo profundamente educativo en esa actitud. Un premio puede cerrar una etapa, pero también puede abrir una puerta y quizás ese sea el verdadero significado del reconocimiento europeo a EFA Valdemilanos.
No demuestra por sí solo cómo es toda la educación española, tampoco permite sacar conclusiones generales sobre el sistema educativo nacional, pero sí ofrece un caso concreto de una escuela española que está llevando a Europa una forma de entender la educación basada en la empresa, la personalización, el emprendimiento, el liderazgo, la familia y el desarrollo humano.
Y nos deja una pregunta que merece permanecer abierta:
¿Estamos educando para el mundo que conocemos, o para el mundo que todavía no conocemos?
La respuesta determinará mucho más que el futuro de nuestras escuelas, determinará el futuro de nuestros hijos. Porque quizás la educación más valiosa no sea aquella que entrega todas las respuestas, quizás sea aquella que consigue que un joven salga de una escuela con la confianza suficiente para formular sus propias preguntas y con el valor necesario para intentar responderlas.

Europa acaba de reconocer una de esas maneras de hacerlo, España estaba allí y eso, más que una medalla, es una conversación que merece continuar…
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