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Greubel Forsey, el último latido del tiempo mecánico

  • 12 abr
  • 4 Min. de lectura




Balancier Convexe S²,

dos piezas para cerrar una era



En la alta relojería existen relojes… y luego existen manifiestos, creaciones que no buscan simplemente medir el tiempo, sino interpretarlo, esculpirlo y elevarlo a la categoría de arte mecánico. Eso es exactamente lo que acaba de presentar Greubel Forsey con las dos ediciones finales del Balancier Convexe S², un capítulo que se cierra con la elegancia de quien sabe que ha alcanzado una cima técnica difícil de repetir.


Dos relojes, once piezas de cada uno y un mensaje claro: la culminación de cinco años de desarrollo mecánico.


Cuando en 2026 deje de producirse este calibre, no solo desaparecerá un modelo, se cerrará una etapa completa de investigación relojera.




La arquitectura del tiempo



El Balancier Convexe S² nunca fue concebido como un reloj convencional. Desde su origen fue pensado como una arquitectura en movimiento. En él, la caja y el calibre no se diseñan por separado, crecen juntos, como si fueran las dos caras de una misma escultura.


La caja Convexe de 41,5 mm sigue la curvatura natural de la muñeca. No es un gesto estético gratuito, es una solución ergonómica que permite que la compleja estructura tridimensional del movimiento mantenga equilibrio visual y comodidad real en el uso cotidiano.





Aquí reside una de las grandes virtudes de Greubel Forsey, transformar la ingeniería en emoción visual.


En lugar de esconder el movimiento, la caja lo prolonga, lo expone, lo convierte en protagonista.





El corazón inclinado del reloj


En el centro de la composición aparece uno de los sellos técnicos de la casa, el volante inclinado 30°, un sistema que actúa como núcleo cronométrico y visual del reloj.


Este volante de inercia variable, desarrollado internamente y ajustado con seis tornillos de oro, oscila a 21.600 alternancias por hora, rodeado por una arquitectura de puentes suspendidos y múltiples niveles.


El movimiento está compuesto por 301 componentes, con una compleja plataforma de escape formada por 68 piezas.


Todo está pensado para revelar el funcionamiento mecánico. Nada está colocado para esconderlo.


Dos barriletes coaxiales de rotación rápida alimentan el conjunto con 72 horas de reserva de marcha, manteniendo estabilidad cronométrica y eficiencia energética.


Es ingeniería, sí, pero también es escultura cinética.





El lujo invisible del acabado


En Greubel Forsey, el acabado no es decoración, es filosofía.


Los puentes y platinas principales de titanio reciben perlados manuales, biseles pulidos y transiciones ejecutadas con precisión artesanal. Incluso las zonas que no son visibles reciben el mismo tratamiento.


Ese es el verdadero lujo de la alta relojería:

hacer perfecto lo que nadie verá.




Dos relojes,

dos interpretaciones del tiempo


Estas últimas ediciones del Balancier Convexe S² se presentan en dos interpretaciones estéticas radicalmente distintas.



Cerámica negra y oro rojo 5N





Aquí domina el contraste, la caja de cerámica negra y los componentes oscurecidos del movimiento crean profundidad visual, mientras que el oro rojo 5N del bisel y el fondo introduce una calidez que equilibra el conjunto.




El resultado es casi teatral, un juego de luces y sombras donde el movimiento parece flotar.



Cerámica blanca





La segunda versión propone la estética opuesta: pureza. La caja monocromática en cerámica blanca convierte la arquitectura mecánica en protagonista gráfico. La luz entra en el reloj y revela cada nivel estructural del calibre.


Es un reloj más técnico, más analítico, casi como observar una obra de ingeniería en un laboratorio de precisión.



La coreografía de las funciones



La disposición funcional del reloj mantiene una claridad admirable:


Horas y minutos sobre un puente arqueado suspendido, segundero pequeño e inclinado para verlo incluso sin girar la muñeca y un Indicador sectorial de reserva de marcha a las 2. Todo ello protegido por cristales de zafiro curvados que amplifican la sensación tridimensional del movimiento y la aumentan consiguiendo una mayor legibilidad.



El reloj no se limita

a mostrar el tiempo,

lo interpreta visualmente.





Solo 22 relojes para el mundo


Cada una de las dos versiones está limitada a 11 ejemplares. En términos de alta relojería, esto no es una serie limitada, es prácticamente una pieza de museo desde su nacimiento, pero quizá lo más relevante no es su exclusividad: Es su significado.





El final de una etapa


La presentación de estas piezas marca también el inicio de una transición estratégica dentro de Greubel Forsey. A partir de 2026, la manufactura comenzará a cerrar los calibres que han definido su última década para dar paso a una colección casi completamente nueva. No es un simple relevo generacional.



Es un gesto consciente:

cerrar cada capítulo con

una última obra maestra.





Cuando un reloj se convierte en legado


El Balancier Convexe S² no es solo un reloj extraordinario, es la prueba de que, en un mundo dominado por algoritmos y pantallas, todavía existen talleres donde el tiempo se construye con paciencia, con acero, con titanio… y con una obsesión casi poética por la perfección.


Tal vez por eso los relojes de Greubel Forsey no se compran únicamente para llevarlos en la muñeca.


Se adquieren para custodiar una idea:





El tiempo,

cuando se respeta,

puede transformarse

en arte.





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