top of page

Flora y su hijo Max

  • Redactor
  • 15 ago 2025
  • 4 Min. de lectura
🎬 La armonía que sana con acordes imperfectos  de música, (Apple TV+).
🎬 La armonía que sana con acordes imperfectos de música, (Apple TV+).

En un Dublín cotidiano y lleno de grietas emocionales, John Carney vuelve a poner en escena su credo cinematográfico, la música como salvavidas frente al desorden de la vida. En Flora y su hijo Max, estreno en (2023), disponible en Apple TV+, una madre joven y soltera se enfrenta al desafío de hacer frente a su pasado y a un hijo adolescente que le lanza reproches a trompicones. Pero es precisamente una guitarra rescatada de un contenedor de basura —un objeto que para otros era inservible — lo que se convierte en una oportunidad de esperanza. Carmenes y notas rotas que, al salvarse, comienzan a rescatarlos también a ellos.



Contexto social y problemas retratados
Contexto social y problemas retratados

Flora representa a aquella persona que, al convertirse en madre muy joven, siente que su juventud quedó comprometida, la película se atreve a retratar con franqueza esa maternidad teñida de culpas, remontes y momentos de hartazgo visceral, de esos en los que desearías que el hijo desapareciera por un instante —pero sin perder el amor—. Es una mirada empática a una maternidad imperfecta, real, que no busca edulcorar lo cotidiano, con ausencia de un apoyo y referente paterno.


Max, con 14 años, se evade mediante pequeños robos y la rabia contra un mundo que no entiende, un chico atrapado en el nihilismo adolescente, devoto del hip hop y la cultura urbana, que encuentra en la música un espacio para decir lo que no sabe decir con palabras.





El guion de Carney fluye con naturalidad, diálogos auténticos, sin esfuerzo ni artificio —cada frase respira vida real— creando dos tramas que se entrelazan, la relación madre‑hijo y la súbita apertura romántica entre Flora y Jeff (Joseph Gordon‑Levitt), quien le enseña guitarra on line, desde California. Sin embargo, es la relación entre Flora (Eve Hewson) y Max (Orén Kinlan) la que posee el peso dramático, la auténtica carne de la película.


Eve Hewson irradia carisma, con su frescura irlandesa y vulnerabilidad poética, una mujer marcada por decisiones prematuras, pero dispuesta a reconstruirse. Kinlan compone un Max creíble, desmotivado, rebelde, pero capaz de abrirse cuando encuentra una forma de expresión. La sintonía entre ambos personajes tiene tanta verdad que convierte cada escena compartida en un regalo de autenticidad.




Jeff, por su parte, encarna ese contrapunto templado y tímido, un músico venido a menos que se convierte en guía emocional de Flora. La química entre Hewson y Gordon‑Levitt surge con sutileza, a través de pantallas y fantasías visuales que sobrepasan la virtualidad.



🎶 Música y letra en el puente de las emociones
🎶 Música y letra en el puente de las emociones

La banda sonora, compuesta por Gary Clark y John Carney —con aportes líricos de los mismos actores — es el núcleo emocional que articula conflictos y soluciones, canciones como Meet in the Middle y High Life fueron reconocidas en premios por su autenticidad y potencia como tema original. La música se convierte en la vía no verbal de la conexión entre Max cuando rapea frente a una melodía que contiene su conflicto y Flora cuando canta para expresar su arrepentimiento y su esperanza, Jeff contribuye, desde fuera y sin saberlo, con su voz resignada y sanadora, abriendo un portal de comunicación e inspiración para todos.


Carney entiende que la música va más allá de las palabras, es su forma de dar amor, es el lenguaje elemental, como el viento o un aroma, que une a los personajes sin depender de un diálogo explícito, creando un puente que conecta sin forzarlo.





La reconciliación surge del esfuerzo compartido de reparar una guitarra, aprender a tocarla y componer juntos canciones que les ayudan en su expresión. Esa colaboración convierte el instrumento de cuerda en una metáfora que desde los escombros rotos nace una fresca inspiración de arte. De la confrontación familiar nace la creatividad que lleva a la solución que llega desde lo más íntimo. No hay estrellas globales al final, solo una familia rota que encuentra su propio ritmo para dejar huella.





Hay una celebración, también, de las múltiples formas de familia actuales, de madres solteras, de exesposos, de condiciones diversas; una forma inclusiva y moderna de entender el núcleo familiar, sin juzgar, solo con apoyo y empatía.





Flora y su hijo Max no pretende ser un drama femenino lacrimógeno ni un musical de éxito comercial, es una película modesta y sincera, donde la música opera como terapia colectiva, donde una guitarra destartalada encuentra voz y quienes parecían condenados al desencuentro descubren un lenguaje común y aunque la estructura dramatúrgica sea previsible, su alma es honesta y su impacto emocional sincero.

Al final, saldrás con una sonrisa, no por la perfección, sino por la verdad que late detrás de cada nota. Al principio, hasta que entrar en contexto, quizá es un poco lenta, pero si aguantas, este pequeño filme es un apapacho al corazón humano, imperfecto y lleno de esperanza. Una invitación a creer que, incluso en medio del ruido, siempre hay un acorde que nos devuelve la armonía y la ilusión por vivir.




bottom of page