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Domingo Olivo: La música como viaje hacia el futuro

  • VA
  • 20 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

En un mundo donde el ruido digital amenaza con ahogar las melodías más puras, aparece la figura de Domingo Olivo como un director de orquesta invisible, alguien que no empuña una batuta, sino una visión. Director de marketing de Sony Music, Olivo no solo lidera campañas, sino que teje conexiones entre artistas y audiencias, entre emociones y estrategias, entre lo intangible y lo medible.

La suya es una historia marcada por el movimiento, hijo de un comandante de submarinos, su infancia fue un mapa en constante redibujo, un aprendizaje temprano sobre adaptación y escucha. Aquel niño curioso, reservado y deportista que saltaba de ciudad en ciudad descubrió pronto que entender a las personas —sus silencios, sus ritmos, sus sueños— sería su mayor talento. Hoy, esas habilidades se han convertido en la base de su liderazgo.


El marketing como arte vivo
El marketing como arte vivo

Cuando Olivo habla de marketing, lo hace con una mezcla de ciencia y poesía, para él, el marketing no es solo una disciplina de métricas y presupuestos; es intuición, empatía y narrativa.


“El marketing tiene mucho de arte, de ciencia y, sobre todo, de sentido común”, confiesa.

Su paso por Estados Unidos durante ocho años lo moldeó en su faceta técnica, pero su verdadera maestría surgió en el terreno, trabajando para grandes multinacionales y enfrentándose a retos que exigían creatividad radical. Desde el gran consumo hasta la industria tabacalera, y más tarde en agencias de medios, aprendió a escuchar a las marcas como si fueran canciones, a descubrir qué emociones podían despertar en sus públicos.

Ese bagaje lo llevó a Sony Music, donde encontró un escenario en constante ebullición. Hoy, la industria musical sube a plataformas de streaming 120.000 canciones cada día, una marea creativa que exige nuevas formas de destacar, de conectar, de emocionar.



Nuestro propósito es hacer que el talento brille”, dice Olivo con la serenidad de quien sabe que trabaja en un terreno sagrado. “Somos el puente entre los artistas y las audiencias, ayudamos a los músicos a construir su universo creativo, desde la producción hasta la narrativa estética que rodea su propuesta”.


Sony Music, más que un sello, es un ecosistema


Sony Music que lidera Domingo Olivo ya no es solo una discográfica, es una plataforma de servicios donde el artista encuentra un hogar integral de producción musical y audiovisual, desarrollo de audiencias, marketing, creatividad, asesoramiento financiero y legal. En un entorno donde el fan se ha convertido en el centro de la ecuación, el marketing musical ha evolucionado, ya no se trata únicamente de promover un disco, sino de crear comunidades, espacios donde los artistas y sus seguidores se reconocen mutuamente.


Campañas como Las mujeres no lloran de Shakira, Grasa de Nathy Peluso o Estopía de Estopa no son solo lanzamientos musicales, son actos culturales, relatos colectivos que viajan por las redes sociales, los medios y las conversaciones cotidianas. Pero Olivo también pone el foco en el futuro, en los nuevos talentos que serán la banda sonora de las próximas generaciones: Emilia, Nicki Nicole, Vico.



El desafío de la inteligencia artificial


El futuro de la música, como tantas industrias creativas, está marcado por la irrupción de la inteligencia artificial. Los datos son impactantes, hasta un 40% de las canciones que se suben cada día podrían estar generadas por IA. Esto plantea oportunidades —mayor eficiencia, nuevas formas de creación— pero también amenazas profundas.


Olivo defiende una postura ética y solidaria:

“Para que la IA cree, necesita alimentarse de lo ya está creado. Eso requiere permiso y, si genera riqueza, debe haber un modelo justo que incluya a los creadores originales”.

Aquí se percibe su visión humanista, proteger la esencia humana de la música frente a la tentación de convertirla en un algoritmo más. Para él, la tecnología debe servir al talento, no reemplazarlo.


España, ahora es un cruce de culturas, en nuestra conversación, Domingo también celebra la diversidad del panorama musical español. España, dice, es un lugar privilegiado donde confluyen tres corrientes, la riqueza del folclore local, la energía de la música latinoamericana y la potencia global de la música anglosajona. Este cruce convierte a nuestro país en un laboratorio sonoro y en un mercado único, un lugar donde las campañas deben ser tan diversas como su público.



Liderazgo con alma.


Olivo no solo habla de artistas, sino también de equipos. Bajo su dirección, Sony Music ha sido reconocida como Great Place to Work, un sello que valida años de trabajo en la construcción de una cultura empresarial donde la pasión y la pertenencia son esenciales. Trabajar en la música no es un empleo convencional, exige noches sin dormir, fines de semana sacrificados y una entrega casi vocacional. “Somos una familia”, dice, con una calidez que revela el corazón detrás de la maquinaria corporativa.


La visión de futuro.


Cuando se le pregunta dónde se ve en cinco años, su respuesta es reveladora: no habla de cargos ni de títulos, sino de propósito, quiere seguir en el equilibrio entre lo emocional y lo racional, entre la creatividad y el dato, siempre al servicio de una misión: que el talento, en todas sus formas, encuentre un escenario donde brillar.


En un mundo saturado de contenido, Domingo representa una idea poderosa, la música no es solo negocio, es memoria colectiva, identidad y emoción. Su trabajo en Sony Music no se mide solo en listas de éxitos, sino en momentos que marcan vidas: la canción que acompaña una ruptura, el tema que suena en una boda, el verso que se convierte en mantra para una generación. Olivo sabe que, al final, la música es un lenguaje universal que conecta corazones. Y mientras haya talento que proteger y audiencias que emocionar, seguirá ahí, diseñando campañas que son mucho más que estrategias, son historias que resuenan en el tiempo.



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