Day One
- hace 3 días
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Cuando el futuro nos mira a los ojos.

La serie que nos obliga a preguntarnos qué significa ser humanos
Hay momentos en la historia en los que la tecnología avanza tan rápido que la sociedad apenas tiene tiempo para hacerse las preguntas correctas. Vivimos precisamente uno de esos momentos. La inteligencia artificial aprende, los algoritmos deciden, los teléfonos saben más de nosotros que muchos de nuestros amigos.
En medio de ese vértigo aparece Day One, la nueva serie española de Amazon Prime Vídeo, estrenada el 13 de marzo en más de 240 países y territorios. Pero más que una serie tecnológica, Day One es un espejo de nuestro tiempo.
Porque la pregunta que plantea no es futurista, es profundamente humana:
¿Hasta dónde podemos llegar sin perder aquello que nos hace humanos?

Una llamada que cambia una vida
La historia sigue a Ulises Albert, interpretado por Alex González, un prodigio de la informática que decidió abandonar Barcelona y el mundo tecnológico tras la muerte de su hermana pequeña.

Durante una década ha vivido lejos de los laboratorios, los algoritmos y los códigos que un día fueron su vida. Pero el pasado tiene una extraña capacidad para regresar cuando menos lo esperamos.
Una llamada de su antiguo socio y amigo, Samuel Barrera, interpretado por Asier Etxeandia, le obliga a volver. El mundo podría estar en peligro.

El momento no es casual, todo sucede durante el Mobile World Congress, el gran escaparate global de la innovación tecnológica.
Y entonces comienza algo más profundo que una investigación, un enfrentamiento entre el progreso y la conciencia.

La tecnología no es el problema
Uno de los grandes aciertos de la serie es su mirada serena sobre la innovación. En un tiempo en el que abundan los discursos alarmistas sobre la inteligencia artificial o los dispositivos digitales, Day One adopta una perspectiva mucho más madura.
La tecnología no es el enemigo.
La actriz Alba Planas, que interpreta a uno de los personajes centrales, confesaba durante la presentación de la serie que llegó al proyecto con una visión bastante crítica del mundo tecnológico. Pero su investigación cambió su mirada.

Descubrió algo evidente y, sin embargo, olvidado con frecuencia, muchos de los avances médicos, científicos y sociales que hoy damos por hecho son fruto directo de la tecnología.
La conclusión es simple y poderosa:
La tecnología no es mala; lo que puede ser peligroso es el mal uso que hacemos de ella.

El progreso siempre tiene un precio
El actor Jordi Mollá aporta en la serie una reflexión que parece sacada de un tratado filosófico sobre el progreso.
Cada avance genera problemas,
cada problema exige soluciones y
cada solución abre nuevos dilemas.
Lógica del progreso humano.

Para explicarlo utiliza una comparación provocadora:
El móvil es el tabaco del siglo XXI.
Está en el bolsillo, es social y forma parte de nuestra vida cotidiana.
Para los adultos es una adaptación cultural.
Para los jóvenes es simplemente la normalidad y quizá ahí reside uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: comprender la velocidad con la que cambia el mundo.
Cuando la tecnología
entra en el cuerpo
La serie también explora un terreno especialmente delicado: el encuentro entre tecnología y biología.
El personaje interpretado por Iván Massagué convive con un tumor cerebral. Para prepararlo, el actor habló con personas que habían pasado por operaciones neurológicas complejas.
De ese proceso surgió una comprensión profunda, detrás de cada avance tecnológico hay historias humanas reales.

La tecnología ya no solo modifica nuestras herramientas, también puede transformar:
nuestra salud, nuestra memoria, nuestra mente, incluso nuestra identidad y ahí es donde la pregunta ética deja de ser abstracta para volverse íntima.
Barcelona, laboratorio del futuro
La serie también tiene otro protagonista silencioso, la ciudad de Barcelona, pero no la turística, sino la ciudad científica y tecnológica que pocos conocen. El rodaje llevó al equipo a espacios extraordinarios:
Barcelona Sipercomputing center; el Sincrotón Alba; el distrito de innovación 22@ Barcelona; el mirador Yorre Glóries, la Universitat Pompeu Fabra; …

Uno de los momentos más fascinantes del rodaje ocurrió dentro del Barcelona Supercomputing Center, donde se encuentran algunos de los superordenadores más potentes de Europa. El detalle es casi simbólico: el superordenador está instalado dentro de una antigua capilla, como si el mundo estuviera recordándonos algo.
Durante siglos buscamos respuestas en templos, hoy buscamos respuestas en datos.
La tecnología nace
de las relaciones humanas
A pesar de su ambicioso escenario tecnológico, Day One no olvida nunca lo esencial, la historia no gira solo en torno a máquinas o algoritmos.
Habla de amistad, duelo, lealtad, decisiones morales y del peso de nuestras elecciones.
Los propios directores lo explican con una frase sencilla y profunda:
La tecnología nace de las relaciones humanas.
Es decir, detrás de cada innovación siempre hay una motivación profundamente humana: mejorar la vida, resolver un problema, salvar a alguien.

El desafío del siglo XXI
Day One llega en un momento sociocultural único. Un momento en el que el progreso tecnológico avanza más rápido que nuestra capacidad de reflexión.
La inteligencia artificial escribe textos, los algoritmos predicen decisiones, los dispositivos escuchan, registran y aprenden.
Pero la pregunta fundamental sigue siendo la misma que se hacían los filósofos hace siglos:
¿Sabremos usar el conocimiento con sabiduría?
La serie no pretende ofrecer respuestas definitivas, pero sí lanza una invitación necesaria: detenernos un instante en medio del ruido digital y recordar algo esencial.
Que el verdadero progreso no consiste solo en crear máquinas más inteligentes, consiste en seguir siendo humanos mientras lo hacemos.
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