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El Coro de la APM emociona en la Casa de México

  • hace 1 día
  • 4 min de lectura


Un viaje musical entre dos orillas


Hay conciertos que se escuchan y otros que se viven. La actuación del Coro de la Asociación de la Prensa de Madrid en la Fundación Casa de México más que una sucesión de canciones, fue un viaje emocional a través de la memoria colectiva de España y Latinoamérica, un encuentro de culturas hermanadas por la música, la lengua y las emociones.

La bienvenida corrió a cargo de Manuel Píza, Director de comunicación de la Fundación Casa De México, quien explica el esfuerzo por crear un concierto que dejara huella a sus invitados.


El coro de la APM compuesto por:

Sopranos: María Jesús García Casado, (profesora titular del coro), Ana García Lozano, Carmen R. Ganuza, Elena Calabrese y Margie Igoa.

Contraltos: Karmentxu Marín, Valentina Valverde, Mercedes Puyol, Gloria Peña, Begoña Gallego, Carmen Barro, Ana Jiménez, Carmen Villodres, Gloria Fernández, Rosa Bartle.





Tenores: Luis Peiro, Juan Peiro, Juan Jose Mardones, Patxo Casado, Jorge Henche. Bajos: Pepe Hervás, Antonio Carmeño, José Luis de la Madrona, Pedro , Vicente Alonso. Dirigidos por el maestro Jae-Sik Lim; al acordeón Gloria Peña y al piano Do Kyung Lim Kim.





Desde los primeros compases de Cielito lindo, la célebre obra de Quirino Mendoza y Cortés, la sala quedó envuelta en una atmósfera de cercanía y complicidad. Las voces del coro, dirigido por el tenor y director Jae-Sik, lograron transmitir la esencia de una pieza que forma parte del patrimonio sentimental de México y que, generación tras generación, continúa despertando sonrisas y recuerdos.





El recorrido musical continuó con La Golondrina, una de las canciones más representativas de la nostalgia mexicana, interpretada con una sensibilidad que permitió apreciar cada matiz de su melancolía. La emoción siguió creciendo con Yo vendo unos ojos negros, joya del folclore chileno, donde el coro mostró una admirable capacidad para adaptarse a diferentes estilos y tradiciones musicales.

Uno de los momentos más celebrados de la primera parte llegó con el solo de acordeón de La Adelita, interpretado por Gloria Peña.





La interpretación evocó el espíritu popular de la Revolución Mexicana y recordó la importancia de la música como transmisora de historias, identidades y valores colectivos.

La programación sorprendió además con la inclusión de Esta Tierra, del compositor vasco Javier Busto, una obra de profunda carga poética que aportó un contraste contemporáneo dentro del repertorio. El delicado Villancico mexicano en versión coral de Ramón Noble volvió a tender puentes entre tradición y sensibilidad artística.





La primera parte concluyó con una vibrante interpretación de Alma Llanera, considerada por muchos el segundo himno de Venezuela. La fuerza de su melodía y la riqueza de sus armonías despertaron una cálida respuesta del público, que acompañó con entusiasmo una de las piezas más emblemáticas de la música latinoamericana.





Tras el descanso, la emoción alcanzó nuevas dimensiones. Pocas canciones poseen la capacidad de conmover como Amor eterno, de Juan Gabriel. La interpretación coral convirtió la obra en un homenaje a los afectos, a la memoria y a aquellas personas que permanecen presentes incluso cuando ya no están. Fue, sin duda, uno de los momentos más intensos de la tarde.





La alegría regresó con La Cucaracha, presentada en el brillante arreglo coral de José Elberdín. El coro demostró aquí una gran versatilidad, alternando la solemnidad de algunas piezas anteriores con el carácter festivo, divertido y popular de una de las melodías más universales de la tradición mexicana.

El acordeón volvió a adquirir protagonismo con La Valentina, aportando color, autenticidad y matices que ningún otro instrumento de viento puede aportar, consiguiendo un sabor profundamente arraigado en la cultura popular mexicana.

La interpretación de La Llorona constituyó otro de los instantes memorables del concierto. Esta canción legendaria, cargada de simbolismo, misterio y emoción, encontró en las voces del coro una expresividad conmovedora que capturó toda la profundidad de la tradición mexicana.

A continuación llegó La Bikina, de Rubén Fuentes, una obra que exige carácter, elegancia y energía interpretativa. El coro respondió con una interpretación a capela, en dos voces, llena de fuerza y personalidad que fue recibida con especial entusiasmo por los asistentes.





Especial mención merece el solo de Jae-Sik conTe quiero dijiste (Muñequita linda), la inmortal composición de María Grever. Su interpretación aportó intimidad, sentimiento y delicadeza a una velada marcada por la diversidad de emociones. Fue uno de esos momentos en los que el tiempo parece detenerse y la música habla directamente al corazón.





El tramo final del concierto regresó a España con dos páginas esenciales de nuestro patrimonio lírico. La Chulapona, de Federico Moreno Torroba, y la célebre Jota de los Estudiantes, (de El Barberillo de Lavapiés), de Francisco Asenjo Barbieri, pusieron el broche de oro a una noche donde la zarzuela reivindicó su vigencia y su capacidad para emocionar al público contemporáneo.

Más allá de la calidad técnica, que fue notable durante toda la actuación, lo que hizo verdaderamente especial este concierto fue su dimensión humana. Cada pieza parecía tender un puente invisible entre países, generaciones y experiencias vitales. México, Chile, Venezuela y España dialogaron a través de las voces del coro en una celebración de la cultura compartida.

La espontaneidad del público, haciendo pequeños vídeos, finalizó con el bis Cielito Lindo, donde el director integró al público como una voz más, que terminó con una subida emocional que explotó en un gran aplauso de despedida.



Imágenes cedidas por la Fundación Casa de México en España y realizadas por el fotógrafo David Mudarra.
Imágenes cedidas por la Fundación Casa de México en España y realizadas por el fotógrafo David Mudarra.


La Fundación Casa de México se convirtió así en el escenario perfecto para una velada que recordó el extraordinario poder de la música para acercar a las personas. Los asistentes abandonaron la sala con la sensación de haber viajado miles de kilómetros sin moverse de sus asientos, acompañados por melodías que forman parte de la memoria sentimental de millones de personas.

Porque cuando la música nace desde la autenticidad y se interpreta con pasión, deja de ser simplemente arte para convertirse en experiencia y eso fue exactamente lo que logró el Coro de la Asociación de la Prensa de Madrid.



Descubre un breve resumen del concierto


APM transformó un concierto en un encuentro lleno de emoción, cultura y humanidad.





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