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El Caballo de Fuego de Blancpain

  • Redactor
  • 23 ene
  • 3 Min. de lectura

Cuando el cielo se vuelve mecánica, hay relojes que miden el tiempo y hay otros —muy pocos— que lo interpretan. Con la edición 2026 del Villeret Calendrier Chinois Traditionnel, Blancpain no presenta una novedad, reafirma una convicción, sobre la Alta Relojería, cuando alcanza su verdadera madurez, deja de ser industria para convertirse en cultura aplicada.


La llegada del Caballo de Fuego no es un simple cambio de signo en el calendario chino, es un punto de inflexión simbólico en la tradición milenaria de China, el tiempo no es lineal ni utilitario, es un organismo vivo que respira al ritmo del sol y la luna, de los ciclos visibles e invisibles, del Yin y el Yang, de los cinco elementos y de un zodiaco que no describe animales, sino energías. Traducir ese sistema —lunisolar, irregular, profundamente filosófico— a un mecanismo de pulsera no es un reto técnico, es un acto intelectual de alto riesgo y Blancpain lo asume, una vez más, desde la cima.



Una primicia

que sigue siendo única


En 2012, la Manufactura de Le Brassus marcó un antes y un después al presentar el primer reloj de pulsera capaz de mostrar el calendario chino tradicional completo, no es un calendario perpetuo, es mucho más complejo e integrándolo además con la fecha gregoriana y la fase lunar. No existían precedentes históricos, todo hubo que pensarlo desde cero. Cinco años de desarrollo interno dieron vida al calibre 3638, hoy considerado uno de los mecanismos de calendario más complejos jamás creados.



Catorce años después, esa primicia no ha sido superada ni replicada, sigue siendo única y la edición Año del Caballo 2026 representa la decimoquinta interpretación de este calendario por parte de Blancpain, consolidando una saga reservada a coleccionistas eruditos, conocedores de que el verdadero lujo no se improvisa.



El tiempo leído

desde Oriente y Occidente


La esfera es un mapa cosmológico. A las 12 horas, las horas dobles chinas (de 120 minutos) conviven con el signo zodiacal. A las 3, el ciclo sexagenario despliega los cinco elementos y su polaridad Yin/Yang. A las 6, la fase lunar, firma histórica de Blancpain desde 1983. A las 9, los días y meses lunares chinos, incluido el esquivo mes intercalar. Y alrededor de todo, como un puente entre mundos, la fecha gregoriana indicada mediante una aguja azulada de forma serpentina, evocación directa de la relojería del siglo XVIII.



La complejidad es extrema, la lectura, sorprendentemente clara. Esa es la paradoja de la gran relojería, cuanto más sabe, menos necesita demostrarlo.



Alta Relojería intuitiva,

la inteligencia

del detalle invisible


Uno de los grandes logros silenciosos de este reloj reside en su sistema de ajuste. Cinco correctores ocultos patentados —cuatro bajo las asas y uno integrado en el fondo de la caja— permiten ajustar todas las indicaciones con la yema del dedo, sin herramientas, sin riesgo y en cualquier momento del día. Los flancos de la caja permanecen puros, intactos, fieles a la sobriedad Villeret. La complejidad, aquí, no se exhibe: se domestica.



El Caballo Celestial,

arte en movimiento


Si el anverso es conocimiento, el reverso es mito, el rotor de carga automática, grabado a mano en oro de 22 quilates por el taller Métiers d’Art, representa al Caballo en pleno galope, pisando una golondrina al vuelo. Una imagen de fuerza y ligereza que remite a Tianma, el Caballo Celestial de la leyenda imperial china. Velocidad, resistencia, energía indomable, las virtudes del Caballo de Fuego cristalizadas en un componente funcional convertido en obra de arte.



Un rubí natural y los caracteres chinos del caballo y el fuego completan la escena. A través del fondo de zafiro, el tiempo revela su alma.



La primera esfera

rosa salmón de Blancpain


Esta edición limitada de 50 piezas en platino introduce además una primicia estética, la primera esfera de esmalte Grand Feu rosa salmón en la historia de Blancpain. Cocida a alta temperatura, profunda, vibrante y serena a la vez, dialoga con los índices aplicados en oro blanco y las agujas en forma de hoja ligeramente ahuecadas, respetando con rigor la gramática clásica de la colección Villeret, en caja de doble escalón, proporciones generosas (45,2 mm) y una presencia que no busca imponerse, sino perdurar.



La culminación del

calendario mecánico


Con 464 componentes, tres barriletes, siete días de reserva de marcha y una complejidad que supera a la de un calendario perpetuo y se aproxima a la de un repetidor de minutos, el Villeret Calendrier Chinois Traditionnel no celebra un año pasajero, celebra una visión del tiempo donde la mecánica, la astronomía, la filosofía y el arte convergen.




No es un reloj para seguir tendencias, es un reloj para entenderlas antes de que existan. En 2026, con la llegada del Caballo de Fuego, Blancpain vuelve a recordarnos algo esencial, cuando los calendarios alcanzan su expresión más exigente, la Alta Relojería encuentra su culminación definitiva en Le Brassus.




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