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Blancpain Grande Double Sonnerie

  • Redactor
  • 19 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 20 dic 2025

Cuando el tiempo se convierte en música.




Hay relojes que miden el tiempo y hay relojes que lo interpretan. El nuevo Blancpain Grande Double Sonnerie Ref. 15GSQ, presentado bajo embargo y destinado desde su nacimiento a reescribir la historia de la alta relojería, pertenece a la segunda categoría: la de las creaciones que desafían los límites, que disuelven fronteras y que elevan a la manufactura a un nuevo orden artístico.




Marc A. Hayek —Presidente y CEO de Blancpain, buceador de alma y visionario mecánico por vocación— lo tenía claro desde el primer boceto mental: no bastaba con crear otro grande sonnerie. Había que reinventarlo. Había que llevarlo allí donde nadie había osado. Había que lograr que un reloj no solo marcase la hora… sino que la hiciera sonar como una obra musical.


Lo imposible, como tantas veces en la historia de la casa de Le Brassus, volvió a convertirse en plan de trabajo.





Una primicia mundial, dos melodías, cuatro notas, un hito irrepetible. El resultado es una de esas piezas que obligan a detenerse, a inspirar hondo y a recordar por qué la artesanía extrema sigue siendo la mejor expresión del ingenio humano.


El Grande Double Sonnerie es el primer reloj de pulsera capaz de ejecutar dos melodías diferentes, seleccionables con un simple pulsador: el carillón de Westminster, con sus cuatro notas históricas (Mi, Sol, Fa, Si), y una composición original creada por Eric Singer, leyenda del rock y batería de KISS.





No hablamos de simples campanadas, hablamos de melodías completas, afinadas con precisión científica mediante láser, ejecutadas con un tempo perfecto gracias a un regulador magnético silencioso —otra innovación inédita en la categoría— y sostenidas por una arquitectura sonora tan depurada que convierte cada repique en una experiencia emocional, casi litúrgica.


Este reloj no canta el tiempo, lo interpreta.





La sonería más avanzada jamás creada por Blancpain. Durante ocho años, los talleres del Vallée de Joux se convirtieron en un laboratorio de sueños. El proyecto acumuló 1.200 planos técnicos, 21 patentes desarrolladas, 1.116 componentes fabricados internamente y un nivel de precisión que roza la alquimia.


Entre sus complicaciones:

Grande sonnerie, petite sonnerie y repetición de minutos totalmente integradas. Cuatro martillos independientes y gongs de oro para lograr la pureza acústica perfecta.

Tourbillon volante con espiral de silicio a 4 Hz, heredero directo del histórico tourbillon volante presentado por Blancpain en 1989. Calendario perpetuo retrógrado completamente reinventado, con correctores bajo las asas que permiten ajustes con la yema de los dedos.

Cinco mecanismos de seguridad, para proteger la pieza ante cualquier manipulación inadecuada. Acabados artesanales tradicionales, con 26 puentes y platina en oro de 18 quilates, 135 ángulos entrantes y una decoración íntegramente manual que haría sonrojar a cualquier competencia.

Es, sin ambages, el reloj más complejo de la historia de la marca.





El sonido como patrimonio de los monasterios medievales al rock contemporáneo. La relojería sonora nace en el siglo XIV, cuando las comunidades dependían del tañido de campanas para organizar su vida diaria. Las sonerías fueron, durante siglos, el lenguaje del tiempo.


Blancpain rescata esa tradición y la proyecta hacia el futuro. El carillón de Westminster —nacido en una iglesia de Cambridge en 1793 y universalizado por el Big Ben— aporta la raíz histórica. La melodía compuesta por Eric Singer, concebida junto al tecladista Derek Sherinian, abre en cambio una grieta contemporánea en la alta relojería. Una declaración de intenciones, la tradición no es un límite, es un trampolín.





Marc A. Hayek lo resume con la lucidez de un maestro relojero y la sensibilidad de un melómano:

“Quise un reloj que hiciera sonreír al dar la hora, que emocionase de verdad.”

Y lo han conseguido.





Una caja que resuena con el alma del Vallée de Joux, en un guiño poético a los luthiers del valle, el estuche de presentación está tallado en madera del bosque de Risoud, célebre por sus abetos resonantes utilizados en violines y pianos. No es una caja, es una cámara acústica natural que amplifica la sonería y ancla la obra al patrimonio cultural del territorio y como corresponde a una gran complicación destinada a un círculo muy reducido de coleccionistas, cada pieza puede personalizarse, garantizando la exclusividad absoluta.





Una nueva cima para Blancpain, en la historia de la marca hubo hitos monumentales, como el legendario 1735, uno de los relojes más complicados jamás producidos, pero este nuevo Grande Double Sonnerie no pretende competir con ese legado, lo supera, lo amplía, lo renueva.





Es un manifiesto, una promesa, un recordatorio de que, incluso en un mundo saturado de tecnología, todavía hay espacio para la emoción pura que solo la artesanía extrema puede provocar.





En conclusión, cuando un reloj trasciende su función, El Blancpain Grande Double Sonnerie no es un guardatiempo, es un instrumento musical, es un poema mecánico,

es un diálogo entre el pasado monástico, la precisión contemporánea y una chispa de rebeldía rockera.





En un mercado donde la complicación suele confundirse con la acumulación, Blancpain ha elegido un camino más audaz, convertir el tiempo en arte y lo ha conseguido con una pieza que, más que un reloj, es una sinfonía portátil destinada a quienes entienden que la verdadera exclusividad no se luce, se escucha.

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