LA CASA DEL

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presidente

Situado tras los muros que protegían  el corazón de Ávila, la vieja y noble guardiana del reino, como si de un oasis se tratara, tras las piedras sobrias y eternas de la muralla que todo lo ve, custodiada por el recuerdo natal de la Santa, encontramos este lugar, inimaginable fuente de historia hecha hospedaje. Fieles a la tradición de la amabilidad sencilla y sobria acorde con el sentir de estas tierras, en “La Casa del Presidente” lo cotidiano se torna en algo especial cumpliendo la máxima de Balenciaga de que menos es mucho, mil veces más, diría yo.

Excelente, sitio perfecto para el relax, acogedor, ideal para desconectar, la sobriedad en el estilo y refinamiento en el trato.

Con estas palabras y otras semejantes, los clientes del hotel describen su estancia, destacando la discreción en las formas y el buen gusto en los detalles, lejos de las estridencias lo que consigue que el establecimiento posea señas de identidad propias, sin descuidar su calidez y cercanía.

Lo primero que sentí a mi llegada a la Casa del Presidente fue esa cercanía. Una calurosa acogida en la recepción del que fuera el despacho del primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, que reflejaba todo el esplendor y buenas intenciones para la política.

Nos explicaron que antes de convertirse en hotel, esta casa fue residencia de veraneo de la familia Suárez y más tarde de los actuales propietarios.

Quedan los vestigios del paso de las dos familias, reflejados en la decoración, pequeños objetos rescatados del baúl de los recuerdos, muebles de descanso, retratos, recuerdos, cada uno encerrando su historia particular, esperando a ser descubierta por el viajero inocente. Quiero destacar una pieza que llamó mucho mi atención y disfrute de lo lindo: un futbolín, perteneciente a la familia Ortega, con los jugadores del Español y el Barcelona, casi irreconocibles por las huellas de los golpes y el desgaste del metal, de rivalidad eterna y legendaria,  pero dispuestos en sus filas, anclados en sus barras metálicas, girando y marcando los rígidos movimientos, para ofrecer en actitud generosa, un agradable viaje al tiempo en que fuimos jóvenes, felices e indocumentados, como diría García Márquez.

Un agradable viaje al tiempo en que fuimos jóvenes, felices e indocumentados, como diría García Márquez

Desde la acogedora sencillez del despacho presidencial, fuimos llevados de la mano al corazón de la   España contemporánea por el siempre atento personal del hotel, que tras alguna que otra reseña historiográfica,  nos describieron parte de la historia de La Casa del Presidente, el porqué de su existencia, el anecdotario que convierte a este edificio en patrimonio de la cultura abulense, algunos secretos que particularmente me hicieron revivir una etapa de la historia que puedo recordar vagamente pero que está más presente que nunca en el entendimiento de aquellos que como yo, tuvieron la transición como telón de fondo en su niñez.

Imaginar reuniones secretas de los líderes políticos artífices del cambio, cargadas de misterio, puertas escondidas que se funden con el mobiliario de la pared y que si pudiesen hablar, ¿Quién sabe qué cosas nos desvelarían?

Esta casa aúna en su haber aires de grandeza, cuentos imposibles, fantasías infantiles de las que todavía quedan rastros, murallas mágicas, historia medieval, pequeños rincones para reconfortarte, diversión en el menaje y cuenta con diez habitaciones, en las que la combinación de elementos decorativos,  se mezcla de manera magistral logrando el efecto de confort, tal y como se obtendría en el entorno familiar, un entorno muy cuidado que no es cualquier cosa.

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El despacho de Adolfo Suárez se mantiene intacto aunque ha pasado a cumplir otra función no menos importante, la recepción del hotel. 

Cada habitación tiene personalidad y está diferenciada del resto, dentro de lo que el mundo hostelero denomina como “hotel Boutique”. Una sobria decoración en la que el  color verde hoja, tan evocador de la naturaleza, se convierte en el contrapunto constante, en elemento unificador como instrumento solista de esta sinfonía de sensaciones. Estar en el hotel La Casa del Presidente, es dejarse llevar por el encanto de diversas estancias en las que intencionados cambios de ornamentación, acotan el espacio consiguiendo crear ambientes distintos a través de magistrales  transiciones muy discretas entre sí, siendo la tranquilidad, la paz y el sosiego, los elementos de continuidad, que de forma natural, se solapan abiertamente con el entorno.

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Salón

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Baños

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La muralla

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Recepción

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Habitaciones

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La terrraza

Llama la atención la originalidad a la hora de la elección de los nombres de las habitaciones, que según nos explicaba la directora del Hotel, Mónica, algunos de ellos se corresponden con los valores que el Presidente siempre tuvo como objetivos en su labor política y quiso trascender, causa por la que los hermanos Ortega han querido dejar constancia de este legado institucional, estas nominaciones, tan originales como las que eligen para sus vinos, también fruto de una constante dedicación y empeño por rescatar y experimentar con las cosas que la vida nos ofrece.

Dispuestas en dos plantas y presagiando el repertorio de sensaciones que podremos encontrar tras la puerta, nos disponemos a desvelar estos valores convertidos hoy, por la mano experta de la familia Ortega, en un referente de la identidad de Suárez, de su casa y de lo que transmite. Demos paso pues a la libertad, la alegría, el amor, el mañana, la paz, la concordia, el coraje, la felicidad y el diálogo, tal vez en ese mismo orden, o no, pero siempre presentes.

Entremos pues en la habitaciones, atrevámonos a dejarnos cuidar, a conocer la esencia de Ávila, de su carácter y su gente. Dejémonos llevar por estancias llenas de luz, de mezclas de estilo clásico, moderno, en duchas que evocan las lluvias tropicales, regalando aromas mezclados con agua cristalina y balsámica. Deleitémonos con baños relajantes en los que dejamos flotar desmayadamente, aceites terapéuticos, éxtasis para la pituitaria y descubramos los obsequios que encontremos a nuestro paso: las amenities de Chopard, la lencería inmaculada….Regalemos a nuestros sentidos el placer de un café de elaboración exclusiva para este hotel por la marca….., desde nuestra cómoda cama, custodiada por un elenco de  angelicales almohadas: imposible elegir una sola.

Bajar a la piscina, circundada por madera de barco, viga y vías del tren, recicladas como reliquias, para coronar nuestro baño vespertino y en la tarde, dejarte acariciar por la brisa, degustando una breve copa de vino, una delicia sutil  ribera de Duero en homenaje a la tierra, o  mejor si es de la bodega de la familia Ortega, “Alta Pavina” por sus matices, elaboración purista y calidad. Se han atrevido a apostar por la variedad pinot noir, tan difícil de cultivar lejos de su Galia natal. Son el complemento inmejorable para las tardes de estío, las mañanas del invierno llenas de luz blanca y las noches de agosto que son mis preferidas.

Y con estas sensaciones que se han instalado permanentemente en mis recuerdos, me despedí de Ávila y sus gentes, de la historia de mi niñez que tan gratamente pude recordar en La Casa del Presidente, donde el tiempo se detiene para condensar toda la magia de aquello que está vivo y no quiere morir, transformándose en la vida de todos. Esta casa fue del Presidente y ahora es mía, tuya y de cada persona que hace un alto en el camino y todavía se atreve a disfrutar de los buenos momentos que la vida le tiene reservados. ¿Te atreves a encontrarlos aquí?

¡Feliz Viaje!