DANNY LYON

LA DESTRUCCIÓN DEL BAJO MANHATTAN

Hace unos meses buscando olvidar este mono tema temático que es el virus de moda en todas las conversaciones, decidimos salir a pasear por nuestra magnifica ciudad, Madrid. Arquitectura, luz, sol, cielo, árboles y espacios de vegetación que se pueden recorrer. Cogiendo una de estas pequeñas calles perpendiculares al paseo del prado, antes de llegar al museo Thyssen, me adentré por su estrechez, sin un fin delimitado, pero en la esquina, en la parte superior decía, “calle Zorrilla”, me vino a la cabeza el poeta y dramaturgo José Zorrilla y comienzo a subir sin rumbo fijo, como si de Don Juan Tenorio se tratara, en la búsqueda de mi amor por el arte.  De repente, encontré ante mí la entrada del Museo ICO que me brindó la posibilidad tentadora,  de contemplar en una exposición fotográfica,  la magistral obra de Danny Lyon, un poeta urbano, visual y contemporáneo, que a través del objetivo de su cámara, me habló de otro abandono, de otro vacío y de otro virus: la urbanización que hizo estragos en todo un distrito icónico de NY.

LA VISIÓN HUMANA DA PERSONALIDAD A GRAN PARTE DE SUS IMÁGENES 

"La Destrucción Del Bajo Manhattan" el título de su obra, real y contundente, fruto de la impresión que le causó ver su adorada ciudad, su gran manzana, mordisqueada por el efecto salvaje de los procesos de urbanización que tuvieron lugar en grandes ciudades como Manhattan durante la década de los 70.

Lyon denuncia la crueldad con la que se trata a los edificios, que pasan a la categoría de viejos, como decir inútiles, no productivos, sin el encanto del paso de los años que los habría convertido en antiguos, como reliquias y no como fantasmas desplomándose al golpe de la maza despiadada.  

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Despojados de su importancia en el tiempo para el rodillo implacable de la constructora, arrollador, sediento de espacio fresco donde hincar sus garras de dinero, sin piedad por el valor de la historia encerrada en aquellas fachadas, azoteas, ventanales, patios, cornisas y corredores, que vieron gestar la magia de la ciudad de Manhattan, su identidad cosmopolita, sus lágrimas de sangre migrante, crisol de mil culturas, de mil formas de supervivencia y su deseo implacable de desafiar al cielo.

El fotógrafo ve hundirse sin remedio la zona más antigua de la ciudad y mas identitaria de la América profunda, para dar paso a lo que más tarde, no mucho mas tarde, sería el mundialmente famoso y reconocido complejo financiero World Trade Center, un nuevo templo para adorar al vellocino y que está en el imaginario colectivo de todas las personas de la generación del "baby boom", amantes del cine de autor y de la modernidad, que crecieron con imágenes de estos edificios grabadas en sus retinas a través del celuloide y soñaron con ellos condenándolos para siempre como estereotipos neoyorquinos de la representación del sueño americano encarnada por los ejecutivos del "cuello blanco". [1]

[1] Referencia a "La hoguera de las Vanidades" o las películas de Woody Allen, cuyo escenario es la ciudad de Manhattan

Lyon recoge en sus imágenes, las pequeñas vidas de los edificios, algunos con más de 150 años, la gesta y conquista de los obreros de NY, contratados para demoler, cincelando ladrillo a ladrillo, con técnicas de tortura exquisitas, aquellos vestigios de todo el pasado de la Isla en su zona más antigua, sus barrios decimonónicos, que caían derrumbados por la maza de la expansión hortera del ladrillo nuevo rico y sus pretensiones señoriales. El bajo Manhattan se vio de repente vacío, como Castilla la Vieja y con él, derruidas tantas ilusiones de tantas vidas que llegaron durante más de un siglo y medio buscando un sueño que ahora yace sepultado en los cimientos de otros complejos más sofisticados y modernos, sin el sabor original del viejo continente.

Lyon, siempre devoto de las causas perdidas nos ofrece belleza donde solo existe demolición; nos entrega matices, rescatados del gris, o del blanco y negro. Nos regala historias de humanidad trascendente, enmarcadas en los rostros que inmortaliza.

La mente divaga sin querer y sin poderlo evitar, construyendo otras tantas rutas de encuentro con el pasado y el presente en esas mismas calles. Manhattan esta en nuestra historia visual, amarrada a nuestros recuerdos que se forjaron en cada escena de aquellos minutos de salda de cine, en aquellos fotogramas inolvidables, a veces también en blanco y negro, o gris. Aquellos que describen Manhattan como el Oz de las fantasías de nuestra adolescencia y tal vez madurez, siendo la ventana a un mundo inalcanzable.

 

Toda su obra habla de edificios, pero habla en realidad de personas: de la belleza de sus anhelos, dentro de aquellos espacios, casas, jardines y patios que hicieron suyos.

Las fotografías nos muestran los fantasmas arquitectónicos del pasado, vacíos, serenos e impresionantes; no hay indiferencia en lo que retrata. Las sombras, las luces y los detalles son capaces de transportar al observador, a miles de kilómetros.

LA LUZ EN LOS EDIFICIOS VACÍOS PUEDE DAR UNA SENSACIÓN DE THRILLER AMERICANO DE HITCHCOCK.

Si queréis seguir soñando despiertos y sentir que la ciudad puede brindaros nuevos escenarios para vuestras cruzadas personales, gracias al compromiso de Danny Lyon con su particular visión de las cosas, y si queréis recurrir a vuestra creatividad para que, inspirados por la mirada de este artista y en un ejercicio de inquietud cultural os reencontréis con la realidad,  con el Madrid abandonado a su suerte en estos días tan injustos y a la vez el Madrid tan lleno de belleza como lo fuera el barrio viejo de la Gran Manzana.  

 

Esta exposición ya terminó pero os invito a descubrir el Museo de Arte ICO, en la calle Zorrilla 3. En la actualidad podréis descubrir una exposición de España. Fotografía, encargos, territorios, 1983-2009.

La destrucción

del Bajo

Manhattan

DANNY

 Lyon

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