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COOL ROOMS

Cool Rooms Palacio de Atocha, un nuevo concepto de hotel de lujo en pleno corazón de Madrid

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MODERNIDAD EN EL CORAZÓN DEL MADRID MÁS ANTIGUO

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Si nos dijesen que es posible encontrar un oasis de paz, en donde el tiempo se detiene y permite recuperar la añoranza de la compañía que esta pandemia nos arrebató, o deleitarse junto a una piscina de aguas transparentes en el corazón del Madrid más antiguo, con ventanales y ornamentación isabelina, repleta de molduras y maderas añejas que nos transportan al pasado.  La recepción, de la evocación colonial y sus patios transformados en jardines repletos de sillones, butacones y sofás de estilo, que resultan irresistiblemente atractivos tras los cristales de las puertas que los guardan. Intimidad y lujo.

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El hotel Cool Rooms  Palacio de Atocha, se muestra como refugio para transeúntes urbanos, que se adentran, en un mágico mundo, a otra dimensión arrebatada al tiempo y al recuerdo. Cada proyecto de esta empresa, crea espacios únicos, que cuentan una historia, con dinámicas y razones creativas únicas.


El hotel reúne las condiciones de la familia Cool Rooms, dotadas de este afán remodelador del hecho histórico que, una vez rescatado del limbo de los inocentes, aterriza entre nosotros con renovado aire contemporáneo, pero conservando el legado de quien lo hubo pensado en origen.

LA CALLE ATOCHA, EL ESCENARIO DE MADRID A TRAVÉS DE LA HISTORIA 

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La calle Atocha, ha sido escenario de la formación del Madrid actual, cosmopolita y acogedor, a través de los tiempos; desde que fue villa hasta ser corte y ahora, embajadora de culturas y merecedora de todos los halagos que aquel que se deja atrapar por su embrujo, le profiere generosamente. Y es que Atocha, Carretas, la Puerta del Sol... tienen su historia ligada a las nuestras y son escenarios de muchas batallas y sucesos que ya no nos son ajenos ni lejanos en el tiempo.

El hotel está en el centro neurálgico del Barrio de las Letras, llamado así por su aportación al mundo literario, al ser albergue de ilustres plumas durante el Siglo de Oro español, en cuyos mentideros y tabernas, la vida tenía el precio de una  pequeña moneda, pago y limosna para aquellos "justicieros del hambre y la miseria", que ajustaban cuentas,  jugándose la vida tras la capa y el embozo.

Los marqueses de Riscal , adquirieron este palacete, construido en 1857 al albur del sueño de un funcionario del ministerio de ultramar,  que deseaba fervientemente el favor de la soberana Isabel II para pasar, como por arte de magia, de hidalgo a noble.

Cosa difícil para la burguesía,  en una España que se debatía entre la corona y la revolución industrial, la modernidad y la tradición, porque estaba cambiando el entorno de la ciudad de Madrid con proyectos urbanísticos pretenciosos y diseños de nuevas concepciones arquitectónicas, más acordes con la Europa imperial. Como  este palacio de Atocha,  construido  a tenor del estilo  isabelino,  en homenaje a la joven soberana y como celebración ornamental y simbólica del acenso social de su promotor. 

Vigilado por el dios Hermes o Mercurio según quieran ustedes seguir la tradición helénica o romana,  mensajero de los dioses, nunca vio del todo complacidos sus pretensiones de grandeza en esta vida y a pesar de la traición, fue el artífice de que finalmente, se alzase majestuoso este palacio llamado la casa de Atocha 34. Testigo de las reuniones y proclamas de una burguesía bien avenida, que miraba hacia la rancia  nobleza con envidia, sin saber que ambas eran víctimas de la misma  decadencia.

 El espacio del hotel, se deja apoderar, generosamente, por cada "inquilino" que se transforma en parte del escenario cotidiano, en un alarde de culto poético dirigido al bienestar, entendiendo éste como esencia de su savoir faire

Para Cool Rooms, lo importante es su concepto de hospedaje: la excelencia en el trato y la acogida. De acciones discretas y equilibradas, el visitante es objeto de atenciones cuidadas, escogidas y nada extravagantes, que le llevan a una sensación de confort muy relacionada con la que puedan tener en su propia casa. "Compramos el alma de los edificios", nos dice la directora de marketing y comunicación,  Lidia Pérez, esa cara amiga y eternamente sonriente, que nos acerca al hotel, la historia y el porqué de este ambicioso proyecto.  "Compramos cultura, historia e innovación a través de un proceso largo y complicado para dotar a nuestros hoteles de alma…. Un edificio que alberga un hotel con historia y encanto para vivir una experiencia inolvidable en el centro de Madrid" 

Cool Rooms ha conseguido que la historia del hotel forme parte de la propia experiencia de cada visitante ofreciendo en un alarde de creatividad, soluciones contemporáneas y divertidas: convertiendo el hotel en un "working center" o en un lugar misterioso y romántico para parejas que quieren recuperar cierta chispa, o para aquellas personas que necesitan escapar imperiosamente de la rutina, es aquí detrás de estas puertas donde van a encontrar su particular  "Narnia".

Su objetivo: "Ser los mejores anfitriones". Este proyecto histórico-hotelero, consigue que el visitante se enamore del entorno, que la oferta  vaya más allá que el funcionalismo habitual de otros establecimientos, en los que el huésped, sea en el hotel Cool Rooms Atocha, ciudadano del mundo.
La propia Lidia nos remite a las anécdotas peculiares del hotel  y explica cada rincón, porque es un espacio lleno de estos detalles que hay que ir desmenuzando poco a poco como se saborean los caldos exquisitos.  

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Experiencias gastronómicas con cocina de mercado, joven y expresiva, como lo es su Chef. Su juventud e ilusión por la cocina hacen de Diego Alonso una combinación perfecta con la tradición y alma del hotel. Su inspiración tradicional de la familia, combinada con influencias naturales, sus mezclas de dulce y salado, o carne y pescado imbuidos en un arroz de campo y playa, o el corral de las letras... Describe su cocina como de casa, pero con un moderno bistrot. Todo pensado para deleite sin tiempo ni presiones, solo comida que puedas disfrutar. Cada día viaja al mercado para sorprender con platos de inspiración creativa inmediata que surgen de las materias primas que encuentra.

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La popularidad de CoolRooms Palacio de Atocha en los últimos meses es evidente, pero su trabajo en  pleno Barrio de las Letras, es merecido. Su habilidad para sacarle partido a cada rincón del hotel, no sólo a las habitaciones. Otro ejemplo sus experiencias y actividades de estilo de vida, salud, arte y no se puede dejar de reafirmar su gastronomía. Su propuesta de recibir una clase de yoga en la terraza del hotel, o viajar por el centro de Madrid mientras nos hacen fotos que recordarán nuestro viaje, son perfectos para disfrutar más tarde de unas alcachofas confitadas, o el arroz con gambones y torreznos, todo ello maridado con exquisitos vinos servidos a la vera de su delicada alberca, ubicada en mitad de un patio que te transportará a un vergel de sensaciones con una paz rota por el fluir del agua.

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Todo es muy auténtico aquí. Sus pinchos,  sus cócteles servidos en el bar con una decoración contemporánea endulzada con el colorido de sus cuadros y pinturas postmodernas. Una iluminación indirecta que nos sirve de ambiente para disfrutar de una variada colección de pequeños bocados de buena materia prima en esas pequeñas mesas con butacones individuales y cómodos, o con pequeños sofás para disfrutar en pareja el inicio de la noche madrileña que si nos dejan, será un disfrute de sensaciones.

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La arquitecta María Covarrubias con su visión peculiar de los espacios,  construye su magia, reinventando estancias, patios, tejados y azoteas, mostrándolas como parte de la aventura que ofrece esta oferta hostelera. Sabe que nadie se puede resistir al desenfado de estos elementos bohemios y románticos, que tanto nos conectan con nuestra propia visión idealizada de la ciudad; una perspectiva desde arriba pero a la vez intimista.

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Las tejas se convierten en elementos decorativos imprescindibles, dentro de la escala cromática que se puede disfrutar, siendo a la vez barrera de miradas indiscretas.

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Historia y tiempo que se pierde en este lugar insospechado para el caminante sin pretensiones pero abierto a la sorpresa. Historia y tiempo que se funde en el corazón del Madrid antiguo y de los Austrias, de conventos con el espíritu de los que aman tanto lo urbano como lo armónico.

RECUPERAR ESTOS EDIFICIOS EMBLEMÁTICOS PARA DEVOLVERLOS EN FORMA DE NUEVOS PALACIOS QUE VENERAN A LOS DIOSES ANTIGUOS PERO QUE SALUDAN AL ARTE CONTEMPORÁNEO CON IGUAL ENTUSIASMO.

Recuperar paredes que rezuman y susurran anécdotas personales, colectivas, en todos los casos autenticas y singulares. Todo es hecho histórico y tiene sus particulares fantasmas
Obras de arte que se exhiben de forma discreta pero en homenaje cuidado, a los y las artistas que han participado en la creación de este hotel; nada adquirido en serie, nada impersonal o atípico. Mucha mezcla feliz de creatividades que forman un elenco extraordinario dotado de su propia alma. Son parte de la escena, son familia y por eso están ahí; nunca porque sí o sin sentido.
Materiales recuperados del pasado, acompasados por retazos de historia decimonónica, de literatura y de tiempos convulsos; de olvido y abandono. Este antiguo palacio es el escenario donde  luces y sombras, se hacen eco de la iluminación del hotel,  otro elemento pensado para la discreción y el regocijo de ese alma común de la que hablábamos antes. La sensación de bienestar es casi religiosa. No hay elementos estridentes, todo invita al descanso y la relajación. Sus pasillos son los que conducen a las 35 habitaciones, ninguna igual a otra.  Una vez abiertas, todo cambia radicalmente: mucha luz natural en altura, coronada por ventanales al mundo. Paz y luz. Calma y esperanza. Gran trabajo de iluminación indirecta con la que se abre el ojo a todo. Estamos en el centro de la ciudad pero no oigo un solo ruido… tal vez mis pensamientos. Espero que sean los mejores para inspirar a escritores, fotógrafos, o artistas. 

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Una vez más, la decoración juega un papel importante en el objetivo del confort: el amplio espacio, combinado con los colores suaves y equilibrados de mobiliario, paredes, accesorios y estructuras, son imprescindibles. 
Cada habitación comporta una concepción determinada: descansar, trabajar, disfrutar, encontrarse con lo inesperado…. Cualquier situación, cualquier persona.  El hotel se siente, como ente vivo, particularmente orgulloso de sus suites y así nos lo hace saber. Entrar en una de estas Suites de hasta 75 metros cuadrados, es sumergirte en una cascada de sensaciones visuales, de bienestar sin apenas ruidos.
Cool Rooms Atocha, se reserva este privilegio para que tus fantasías  se cumplan cuando estés allí, libre y entregado a todas estas sensaciones mágicas de calma y lujo, de otoño, madurez, equilibrio y sencillez. Permite que Hermes vigile tus sueños.

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